Lomong, López

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Imagen de Azafrán

El lector se puede sentir desconcertado ante el género de esta obra. Correr para vivir pertenece al “discurso testimonio”, un género literario posmoderno muy próximo al periodismo.

El “discurso testimonio” busca verificar la información de la historia mediante entrevistas a personajes reales. El narrador cuenta la historia en primera persona. Utiliza una tipo de lengua en tono conversacional. Pretende denunciar injusticias sociales que el personaje ha vivido lo que produce una identificación del receptor (el que lee) y el narrador. Y el novelista es testigo de dilemas morales.

El más temprano antecedente en lengua inglesa es A sangre fría, de Truman Capote, en 1967. José María Gironella, con Un millón de muertos, 1964, es un antecedente en España.

Este género borra las fronteras entre lo real y lo ficcional.

Así asiste el lector a la vida de Lope Lomong, un niño de seis años que fue robado por los rebeldes del sur de Sudán. Lopez consiguió escaparse y después de correr durante casi dos días llega a un campamento de refugiados en la frontera con Kenia. En el campamento permanecerá diez años, en estrecha convivencia con otros nueve niños que formarán una “familia” y compartirán una tienda y la escasa comida que llega de la ONU. Leemos en el libro detalles conmovedores como por ejemplo el hecho de que tan sólo tenían un balón y para que durase se pedía a los niños que corriesen treinta kilómetros antes de jugar al fútbol.

Esa vida tan dura es el medio en el que Lope Lomong encuentra a Dios, se relaciona con Él como un padre, le pide su constante ayuda para sobrevivir, para superar tan difícil existencia, y un medio para salir de esa dura realidad así como las energías para poder ayudar a los otros niños de su país, una vez alcanzado su objetivo de conseguir un medio de vida en los EEUU.

Si la vida de Lope Lomong es impresionante por su decisión de superar las dificultades y por su lucha por el triunfo, la vida de sus padres adoptivos estadounidenses no deja de sorprender. Un matrimonio con un hijo ya universitario que se compromete en el ejercicio de su libertad y de su generosidad para acoger a Lope Lomong, ayudarle a integrarse en la sociedad americana y en sus estudios de tal manera que fuese capaz de estudiar en la universidad, como su propio hijo, y de alcanzar un puesto en el equipo de atletismo de los EEUU en las olimpiadas de Tokio.

Este matrimonio no sólo ayuda a Lope. Acoge en su casa a otros cinco jóvenes sudaneses y envía dinero a la madre de Lope Lomong para que dé estudios en Kenia a sus otros dos hermanos.