Monte Carmelo

Moderador: Ángel Cabrero

Próxima tertulia: 18 de diciembre de 2020

Diciembre, 2020

Los fuegos de otoño

Némirovsky, Irene

Finalizada la Primera Guerra Mundial, Bernard Jacquelain regresa de las trincheras con una medalla, pero desilusionado ante la falta de perspectivas. Tras los horrores presenciados en el frente, lucha por hacerse un hueco en el mundillo de los negocios turbios que campan a sus anchas en París.

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Una historia de guerra y paz narrada de modo excelente, con todos los detalles e ingredientes para reflejar la vida de una familia burguesa, en París, durante la primera guerra mundial, con sus dificultades, angustias y temores por los que están en el frente; a la vez que radiografía los efectos de la contienda sobre las personas, las mujeres que quedan en retaguardia con sus dificultades de subsistencia y la preocupación por los seres queridos que combaten, y la dura realidad del frente.

Refleja agudamente la trasformación anímica que sufren los que combaten en contraste con los que hacen la guerra a distancia; los efectos devastadores en el ánimo y en el modo de ver la vida y la muerte, los sacrificios que se les pide en el frente, y la moral carcomida en los valores con que afrontar posteriormente la paz.

El matrimonio enfocado desde una mujer enamorada y fiel que lucha por mantener al marido que sufre una degradación moral ocasionada por la guerra: ambición, placeres, lujo, afán desmedido de enriquecerse a toda costa y rápidamente, vida licenciosa sin principios morales… La solicitud mantenida por fidelizar el matrimonio, y un amor que todo lo soporta y perdona ante un marido desquiciado que solo piensa en lo que la sociedad le debe de modo egoísta y amoral: la huella dejada por la contienda que proyecta una sombra lúgubre en el desenvolvimiento de la vida en la paz.

La autora, con espíritu penetrante y crítico va trazando el perfil de cada personaje con una riqueza de matices y valores, señalando las posturas nobles, firmes creadas por el amor verdadero, frente a actitudes licenciosas, ligeras guiadas por el desenfreno y la amoralidad, con sus consecuencias degradantes y de falta de felicidad verdadera, que va marcando la vida de cada uno de los personajes.

Novela que refleja la vida en la guerra y la paz narrada con frescura y talante positivo, sin pretender ser una crítica mordaz a los efectos de la guerra reflejando con viveza sus consecuencias sobre los distintos personajes.

 

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Las guerras. Una novela que transcurre en las dos guerras mundiales es necesario que tenga un tinte trágico. Es inevitable. Pero, además, como para ahondar en la maldad que recorre cualquier conflicto, surgen personajes malvados. Ese tipo de personas que se enriquecen con el mal ajeno, sin llamar la atención más que por su nivel de vida. No parece que estén haciendo nada malo, pero son malvados. Quizá esta es la vertiente más relevante en esta historia. De las guerras, Nemirovsky sabe bastante. Las vivió las dos, aunque terminó su vida en la última de ellas, como persona non grata debido a su ascendencia judía. Quizá esa ascendencia, que siempre influye en la vida, es la que le sirve para conocer a muchos ricos, muchos listillos que saben aprovecharse, a costa de los demás, en negocios turbios. Esta problemática que se ha dado siempre, pero es especialmente repugnante cuando todos sufren, es el tema, podríamos decir, junto con una historia de amor muy difícil precisamente por el afán de lucro. Quien leyó Suite francesa, verá, en esta, algunos reflejos, no solo en la calidad, incuestionable, sino en la temática.

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Novela social y romántica, con el trasfondo histórico de la Primera Guerra Mundial y del período de entreguerras en Francia. Ambientada especialmente en la ciudad de París, la trama está estructurada en tres grandes partes que abarcan desde 1912 hasta 1941, comenzada ya la Segunda Guerra Mundial. Como afirma la crítica actual, en esta novela Irene Némirovsky “compone un sensacional fresco narrativo del envilecimiento de la burguesía parisina durante ese período vertiginoso”. Tras la contienda mundial, se presenta un panorama desolador que, en palabras de uno de los personajes, se puede sintetizar en esta cita: “París es muy interesante en estos momentos… No imaginan todo lo que se trafica y se maquina aquí. ¿Para esto hemos hecho la guerra? El Marne, Verdún, todos los jóvenes que han muerto, ¿han sido para llegar a esto? ¿A este revoltijo de ventajistas, aprovechados, caraduras que escurren el bulto, vendedores de municiones estadounidenses y espías bolcheviques?” (p. 83). Y ciertamente la autora presenta una sociedad corrupta que ella conoció muy bien, una sociedad decadente sin moral, que solo busca el dinero fácil, traficando, defraudando, engañando, sin esfuerzo y sin escrúpulos.

Pero en el centro de esta decadencia social y económica, brilla una gran historia de amor: Thérèse y Bernard son vecinos y se conocen desde niños, los Brun y los Jacquelain comen juntos los domingos, pasean y charlan amistosamente. Pero pasa el tiempo y los jóvenes se separan una y otra vez, aunque parecen estar destinados el uno al otro por una fuerza irresistible. El comienzo de la guerra en 1914 ha marcado sus vidas: Thérèse con 18 años se casa con su primo Martial Brun, médico que fallece a los pocos meses en primera línea de fuego; mientras que Bernard, exaltado e ingenuo, se apunta como voluntario y regresa herido al terminar la contienda. Todo en él ha cambiado porque la terrible, espantosa, incomprensible guerra “ilumina cosas confusas, tenebrosas y desconocidas en el corazón de los jóvenes” (p. 92). Tras los primeros meses en el frente, los altos ideales de Bernard se derrumbaron y, agazapado en las trincheras, pensaba: “Los políticos, los corruptos, los aprovechados de toda laya, los obreros malacostumbrados por los altos salarios, vivían para sí mismos y dejaban que el frente se asfixiara, se desangrara y muriera” (p. 64).

Tras la Gran Guerra, en un  momento problemático desde el punto de vista político, social y económico, Thérèse y Bernard finalmente contraen matrimonio y tienen tres hijos. Pero su relación conyugal será muy difícil, socavada por los negocios fraudulentos, la inmoralidad y, a veces, el aburrimiento y una extraña inquietud interior. Tendrán que pasar muchos años hasta que lleguen los fuegos de otoño, que dan título a la novela. Como afirma la abuela Paine, con la sabiduría que da la experiencia de toda una vida: “Los fuegos de otoño purifican la tierra; la preparan para las nuevas semillas. Vosotros aún sois jóvenes. Esos grandes fuegos aún no han ardido en vuestras vidas. Pero se encenderán. Y devorarán muchas cosas “ (p. 169). Así,  en la relación de los dos protagonistas, que van pasando como por un crisol, vencerán el honor y el recato, la honestidad y la fidelidad, la dignidad y la honradez, impregnado todo ello por el sentido trascendente de la vida.

Con un estilo elegante y de gran valor literario, en la novela destacan los retratos psicológicos de los personajes, sus descripciones físicas, miradas, pensamientos y sentimientos que recuerdan a los grandes novelistas europeos de finales del siglo XIX. La profundidad en la expresión de los sentimientos se consigue, en muchas ocasiones, a través del monólogo interior de los personajes, que la autora utiliza con un gran acierto. No menos interesantes son las descripciones exhaustivas de los espacios para enmarcar las acciones de la vida cotidiana, con explicaciones minuciosas sobre los barrios, las calles y las casas de París, “ese polvo de París en primavera, la estación feliz”. Así pues, esta novela está considerada como una de las mejores obras de la autora lrene Némirovsky. Escrita en la primavera de 1942, unos meses antes de su muerte, se publicó por primera vez a título póstumo en 1957. Recientemente, se ha descubierto una copia de la novela con abundantes correcciones de la escritora, que le han conferido un valor adicional incalculable y que han servido para realizar la edición actual.