Una fábula cultural y política en tierras de Córdoba, en los años treinta del siglo XX.
Mateo, un pastor, descubre que al leer El Quijote a su rebaño las cabras le prestan la máxima atención, en tanto que si lee El Capital son las ovejas las que siguen sus palabras.
Cuando se hace público este hecho Mateo alcanza una gran popularidad en la comarca, lo que le decide a fundar una comuna socialista.
| Edición | Editorial | Páginas | ISBN | Observaciones |
|---|---|---|---|---|
| 2020 | Maclein y Parker |
313 |
978-84-948261-3-9 |
Séptima reimpresión. |
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La primera parte de la novela
La primera parte de la novela está centrada en la necesidad de leer, en la conveniencia de la lectura.
Mateo, un joven del medio rural cordobés, con motivo de la muerte de su padre tiene que abandonar los estudios para ocuparse del ganado familiar. Está deprimido por la falta de espectativas de ese tipo de vida. Don Lázaro, el maestro del pueblo, le hace entrega de un ejemplar de El Quijote, de Miguel de Cervantes, con la esperanza de que su lectura le levante el ánimo. El joven pregunta de qué le va a servir, si su futuro está ligado a un rebaño de cabras y ovejas.
"Los lectores- le responde Lázaro- no tienen necesariamente el bolsillo más lleno, pero atraviesan la vida con mejor humor y entendimiento" (pág.33). "El hombre que lee tiene más recursos para enfrentarse a los problemas y cuitas del alma que el que no lee" (pág.67). Afirma, por último, que "un cabrero con letras es mucho más que un cabrero sin letras" (pág.46). El joven se deja convencer y, mientras atiende al rebaño, lee en voz alta la obra de Cervantes. No obstante, todavía se siente insatisfecho y vuelve a Lázaro para decirle que "me gustaría leer algo que me ayude a entender mejor mi vida y la de mis vecinos. Quisiera saber por qué nuestra existencia es como es y no de otra manera" (pág.78). Entonces, el maestro le entrega El capital de Carlos Marx.
Cuando Mateo vuelve al rebaño, advierte que las cabras ponen la máxima atención cuando oyen leer El Quijote, en tanto que las ovejas atienden cuando escuchan a Carlos Marx (pág.96). Parece como si ests dos animales simbolizasen dos grupos humanos. A la cabra, animal individualista, le presta la historia del Caballero de la triste figura, en tanto que las ovejas, animales gregarios, se sienten más interesadas por Carlos Marx y el socialismo.
En 1935, Lázaro está obsesionado con la posibilidad se produzca una guerra civil en España y así se lo dice a Mateo: "Si la estupidez de la izquierda sigue poniendo en llamas iglesias y conventos, tú y yo nos tendremos que ir de este país. (pág.247). Para el joven "no había formade sacarle otro tema que no fuera la quema de conventos, las agitaciones campesinas en las zonas rurales, las huelgas mineras en Asturias o las luchas de pistoleros de ambos bandos en Madrid o en Barcelona" (pág.248). Hombre pesimista sobre los destinos del país, Lázaro opinaba que "en cualquier momento nos liaríamos a mamporros y no quedaría un hijo de vecino sin descalabrar" (pág.276).
En su momento, Lázaro le había dicho a su discípulo que "los libros están llenos de cosas interesantes, solo hay que saber leer entre líneas" (pag.33). Parece que en esta novela lo que se lee entre líneas es la responsabilidad de la izquierda -según Lázaro- en el estallido de la Guerra Civil; algo de lo que constantemente oímos culpabilizar exclusivamente a los militares. El autor escribe como ficción lo que no se atrevería a decir de otro modo.
La novela es fácil de leer, agradable, humorística. Dicen que su estilo es cervantino y está plagada de casticismos, palabras antiguas y términos usados en el medio rural. Además, el autor nos obsequia con hermosísimas imágenes y comparaciones. La descripción del ambiente es entrañable, aunque en las últimas páginas se relata la incursión de Mateo en un burdel -La Venta del Buitre-, que no guarda relación con el resto y desmerece del conjunto.