La supraconciencia existe. Vida después de la vida

Un intento de explicar el alma humana, y el espíritu en general, en base a las propiedades cuánticas de la materia y la energía. Es lo que Sans Segarra llama supraconciencia no local.

El autor se ha inspirado en los fenómenos ECM -Experiencias Cercanas a la Muerte-, también conocidas como de Vida después de la Vida. En éstas el espíritu humano se separa del cuerpo y conoce una realidad distinta.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2024 Ediciones Planeta S. A.
245
978-84-08-29128-2

Con la colaboración de Juan Carlos Cebrián. 19ª edición.

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Son conocidos los fenómenos ECM -Experiencias Cercanas a la Muerte-. En ellas un individuo enfermo o accidentado experimenta la muerte física, pero siente que su espíritu -su yo- se separa del cuerpo y entra en otra dimensión en la que no rigen las leyes físicas: puede desplazarse con solo desearlo, recibe información a distancia, atraviesa objetos sólidos y se encuentra con personas fallecidas. Luego, abruptamente, se reintegra a su cuerpo en el que los médicos han estado realizando maniobras de reanimación.

Cuando uno de sus pacientes relata al doctor Sans Segarra haber experimentado un desdoblamiento de ese tipo, el médico se propuso investigarlos a fondo. Denomina Supraconciencia no local a aquella parte del espíritu humano que no está necesariamente unida al cuerpo, y que, si éste muere, queda liberada para desplazarse en una dimensión inmaterial. Para el autor "en el ser humano podemos distinguir cuerpo, conciencia local o neuronal, y conciencia no local o Supraconciencia" (pág.229).

La conciencia local o neuronal no sería más que el pensamiento emanado a través de las células cerebrales. Un epifenómeno del sistema neurológico, que desaparece cuando muere el individuo. La conciencia no local, en cambio, sería el auténtico yo, transitoriamente unido a un cuerpo, y eterno al igual que la Supraconciencia global o cósmica, energía primera que ha creado el universo. Asistirían a esta supraconciencia no local las propiedades de los seres espirituales, la omnisciencia, omnipresencia y capacidad para atravesar los cuerpos solidos.

El autor observa que existe un paralelismo entre la Supraconciencia no local y el movimiento de las partículas subatómicas según la física cuántica. En ésta, las partículas se mueven arbitrariamente, pueden encontrarse en dos lugares a la vez y experimentar modificaciones a distancia. Es por eso, por lo que Sans Segarra habla de de Conciencia o Supraconciencia cuánticas. Lo que denomina -con bastante vaguedad- Supraconciencia cuántica primera, Conciencia cuántica universal, Inteligencia primera o Diseñador inteligente (pág.129), es lo que habitaulmente llamamos Dios: conciencia pura, sin materia, fuerza primordial del universo, inteligencia que lo ha creado e impuesto sus leyes (pág.134).

Por un lado el autor sugiere que ese Dios -la energía cuántica original- no es personal, lo cual un creyente no puede admitir; por otro lado afirma que es creador, con inteligencia y voluntad, bondadoso, amoroso, todo armonía y amor (pág.112), lo que no dejan de ser características de un ser personal. Ese Ser, habría depositado parte de su espíritu en cada individuo humano. Para Sans Segarra la Supraconciencia sería la verdadera esencia e identidad de los hombres, que los hace distintos e inconfundibles entre si.

Comprobamos cómo este libro mezcla la descripción de las experiencias ECM, afirma la existencia de un Dios creador, y le asigna las mismas cualidades que le asignan las religiones: amor, bondad y apertura a sus creaturas. En conclusión, el libro no es tan científico como pretende ser y la física cuántica parece un adorno innecesario. Por otra parte, es mejor hablar de espíritu que de conciencia. Conciencia es un término equívoco que tradicionalmente se ha aplicado a la capacidad subjetiva de distinguir entre el bien y del mal, y en el aspecto filosófico se ha aplicado al pensamiento humano solo a partir de Descartes y sus continuadores.

Sans Segarra incorpora una gran cantidad de citas a su libro, pero no menciona a santo Tomás de Aquino que es seguro que trató todas estas cuestiones con mayor profundidad y acierto. La supraconciencia existe no aporta nada especial, salvo el firma convencimiento del autor de que existe una dimensión inmaterial distinta de esta en la que vivimos, y que nuestra alma -espíritu o conciencia- es eterna.