En 1851, el recién convertido al catolicismo, brillante intelectual y futuro cardenal John Henry Newman aceptó el encargo de fundar la Universidad Católica de Irlanda y ser su primer rector. Lo que pretendía ser la plasmación de su noble ideal educativo se transformó, a lo largo de siete años, en un tortuoso laberinto de burocracia, silencios eclesiásticos y choques de poder.
Nadie en quien confiar recupera el memorando definitivo redactado por Newman en 1873 para dar su versión de aquel estrepitoso y lamentable fracaso. Con una prosa fluida, irónica y pragmática, el autor desgrana sus constantes desencuentros con el arzobispo Paul Cullen y la jerarquía católica, motivados principalmente por una convicción inquebrantable: los laicos deben ser el pilar fundamental del gobierno y las finanzas universitarias frente al clericalismo imperante.
Este documento, inédito durante décadas por su carácter sensible, trasciende la mera anécdota histórica. Es la crónica íntima de un hombre desconcertado en territorio hostil y el testimonio honesto de quien, pese a ver naufragar su proyecto, definió los rasgos identitarios de la universidad cristiana en La idea de la universidad y Auge y progreso de las universidades. Una lectura indispensable para comprender la grandeza intelectual y la dimensión humana del santo pensador inglés frente a la adversidad institucional.
| Edición | Editorial | Páginas | ISBN | Observaciones |
|---|---|---|---|---|
| 2026 | Ediciones Encuentro |
124 |
978-84-1339-291-2 |
Comentarios
Aunque el editor español
Aunque el editor español titula esta obra Nadie en quien confiar, Newman la había titulado Memorando acerca de mi relación con la Universidad Católica. También había dispuesto que no se publicase hasta después de su muerte. Esta edición está dedicada al profesor de filosofía y humanidades don Rafael Alvira Dominguez (1942-2024).
En 1850 los obispos irlandeses habían acordado promover una Universidad Católica de Irlanda, en contraposición con los Quenn's Colleges dirigidos por anglicanos. Pensaron para rector de la universidad en el célebre clérigo ingles John Henry Newman, que antes de su conversión al catolicismo había trabajado en Oxford. Entre 1853 y 1858, el futuro cardenal Newman fue rector nominal de la Universidad Católica, pero una vez que las dificultades a las que se enfrentaba le parecieron insalvables presentó su dimisión.
Con carácter general podemos hablar de clericalismo -¿jerarquismo?- como el obstáculo principal al que se enfrentaba Newman. El arzobispo de Dublin, Cullen, no estaba dispuesto a que un simple sacerdote, por muy célebre e inglés que fuera, le hiciera indicaciones acerca cómo debería ser una universidad que iba a estar situada en su diócesis -¿a qué fenómeno reciente me recuerda?-. Pero Newman quería impulsar una universidad católica en lengua inglesa de ámbito supranacional, en tanto que los obispos deseaban que fuera solo para irlandeses.
El nombrado rector solicitaba plenos poderes de organización, y tuvo que enterarse que ya habían sido nombrados el vicerrector, el decano y su propio secretario. Piensa que esto se había hecho para tenerle controlado. Igualmente se había adquirido, sin informarle, un terreno para construir el edificio universitario. Los nobles católicos a los que luego se iba a acudir para financiar la institución, se quejaban de ser ignorados. Uno de ellos escribía a Newman: "Hay un temor extendido de que la tendencia sea convertir la universidad en un coto cerrado de los clérigos" (pág.106).
Pío IX había pedido "que la religión divina sea considerada el alma de todo aprendizaje [universitario]. Todos los estudios deben avanzar estrechamente unidos a la religión asumiendo la doctrina católica, y los profesores moldear el espíritu de los jóvenes según la piedad y la virtud, y asentar en ellos los fundamentos de las letras y las ciencias conforme a las enseñanzas de la Iglesia" (pág.101). Newman señala que este no era este su planteamiento, en tanto que un obispo se preguntaba: "¿Cómo se puede dar una enseñanza completamente separada [entre anglicanos y católicos]? Cuando la gente está mezclada y la sociedad está mezclada, la educación debe ser mezclada" (pág.104).
Concluye el autor afirmando que "lo que yo pienso es que la verdadera causa del distanciamiento, los celos, la desconfianza y el rechazo hacia mí y mis obras fue el deseo que yo tenía de convertir a los laicos en un poder fundamental dentro de la universidad" (pág.110). Es por ello, por lo que se ha hablado de Newman como un precursor acerca de la doctrina del laicado del Concilio Vaticano II. Beatificado por Benedicto XVI y canonizado por el papa Francisco, León XIV lo ha proclamado doctor de la Iglesia y copatrono de la educación católica junto con Santo Tomás de Aquino.
Nos encontramos ante un libro de historia, pero que puede ser importante ahora que los Pontífices han solicitado una mayor influencia intelectual y social de las universidades católicas.
En la introducción se nos
En la introducción se nos dice que Newman relaciona La idea de la universidad con Auge y progreso de las universidades diciendo que esta segunda obra es la imagen de la idea que contiene la primera. Pues bien, Nadie en quien confiar completa la terna como la realidad de un sueño que Newman no pudo cumplir al intentar dar vida a su idea en la Universidad Católica de Irlanda. En este memorando Newman recoge la serie de desencuentros que se dieron con la jerarquía irlandesa cuando asumió el encargo del beato Pío IX de fundar una universidad católica en Irlanda. A diferencia de la mayoría de las obras de Newman, vemos aquí al hombre, a un Newman muy cercano, que nos transmite su frustración con una enorme viveza, ironía y sentido del humor. También vemos al santo que sabe encontrar el sentido más profundo de las contrariedades y de los sueños que no llegan a realizarse en esta vida.