En 1851, el recién convertido al catolicismo, brillante intelectual y futuro cardenal John Henry Newman aceptó el encargo de fundar la Universidad Católica de Irlanda y ser su primer rector. Lo que pretendía ser la plasmación de su noble ideal educativo se transformó, a lo largo de siete años, en un tortuoso laberinto de burocracia, silencios eclesiásticos y choques de poder.