En todo el mundo se está propagando un virus y los supervivientes experimentan efectos inesperados: una satisfacción absoluta. Poco después de la infección, las personas descubren que el estrés, la tristeza, la ansiedad y otras emociones negativas han desaparecido.
A medida que la población empieza a disfrutar del alivio masivo, surge el descontento en los estratos más altos: quienes se lucran a costa de la inseguridad para vender sus productos saben que la situación les perjudica. Sin la insatisfacción como motor de consumo, muchos acusan una bajada de beneficios...