Enseñarle a hablar a una piedra

Los grandes escritores de nature writing son hombres y mujeres capaces, en primer lugar, de observar la naturaleza con una agudeza singular y, a continuación, construir un relato que permita al lector viajar hasta esos mundos normalmente tan ajenos a nuestra civilizada cotidianeidad.

Annie Dillard es una tenaz exploradora y éste, un libro sobre expediciones tanto a algunos de los lugares más remotos de la Tierra (el Polo Norte, las islas Galápagos, la selva ecuatoriana, el estrecho del Pacífico, la cordillera de los Apalaches…) como a regiones del espíritu a las que muy pocos viajeros han llegado. En última instancia, da igual que Dillard nos relate un viaje a la última frontera o un paseo por las colinas Blue Ridge que rodean su casa; en la prosa de esta autora el mundo natural, del más exótico al más cercano, destella como la más lúcida metáfora del espíritu. Pocos, muy pocos escritores han expresado mejor el inexpresable temor, la inaplazable reverencia que siempre ha suscitado la naturaleza.

Allá donde se posa la mirada de Dillard, la belleza del mundo arrasa sus pupilas, y sus palabras, como la mejor poesía, dan cuenta de esa lucha por inscribir el misterio último de una emoción que carece de lenguaje.

Catorde relatos, publicados en Estados Unidos en 1982, que se traducen ahora. El hilo conductor son los viajes de la autora y la contemplación de la naturaleza.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2019 Errata naturae
237
978-84-17800-22

Buena traducción del inglés de Teresa Lanero Ladrón de Guevara.

Valoración CDL
2
Valoración Socios
2
Average: 2 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

2
Género: 

Comentarios

Imagen de cattus

Catorce relatos de extensión variada, en buena parte autobiográficos, en los que la autora describe algunos viajes a zonas tan variadas como el Polo Norte, la selva del Ecuador, las islas Galápagos, la costa norteamericana del Pacífico, los Apalaches o Virginia. Unos tienen un tono más intimista y en otros se ofrecen información sobre las expediciones -muchas fallidas y trágicas- al Polo Norte o sobre la influencia de las Galápagos en las teorías evolucionistas. La prosa es de calidad, denota grandes dotes de observación y buenos conocimientos sobre plantas, animales, fenómenos atmosféricos..., descritos con imágenes muy plásticas y expresivas... Algunos relatos son algo confusos, se nota la influencia del trascendentalismo de Thoreau y de Emerson. Hay cierta crítica al materialismo, un acercamiento a lo sagrado, pues, como dice la autora, hemos pasado del "panteísmo al panateísmo", las referencias al cristianismo son más bien ambiguas. Luis Ramoneda