La tregua (Benedetti)

Martín Santomé es un oficinista montevideano, próximo a la cincuentena. Su vida se detuvo años atrás, cuando murió su esposa al dar a luz al tercer hijo de ambos. Él tenía entonces veintiocho años y ella veinticinco.

Hoy un nuevo afecto femenino ha entrado en su vida, lo que supone una tregua para su soledad.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2001 Bibliotex. Colección Las mejores novelas en castellano del siglo XX
159
978-84-8130-304-6

Original de 1960.

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Nos encontramos ante una novela psicológica, en forma de Diario personal. Se trata de la primera novela de Mario Benedetti (1920-2009) y fue publicada en 1960. Con los años este autor evolucionó hacia una posición política de izquierdas y, finalmente, tuvo que abandonar Uruguay en 1983. Sorprende que La tregua esté escrita desde una óptica claramente católica. Veámoslo.

El protagonista de la novela es Martín Santomé, un contable uruguayo próximo a cumplir los cincuenta. Enviudó a los veintiocho años y desde entonces ha vivido centrado en el trabajo y en sus hijos. Escribe en su Diario: "Son raras las veces que pienso en Dios. Sin embargo tengo un fondo religioso, un ansia de religión" (pág.128). Es la típica mentalidad del 'creo, pero no actúo', o también 'deseo, pero no busco' de tantos creyentes. Años más tarde los autores serán incapaces de poner esta confesión por escrito.

A Santomé, después de veinte años viudo y con sus hijos ya en la veintena, empieza a atraerle una joven de su oficina, una empleada de veinticuatro años. Comienzan a salir, pero a nuestro hombre le atenaza la sensación de ridículo, ya que dobla en edad a la chica. Podrían casarse, dado que él es viudo y ella soltera, pero le atormentan unos celos anticipados: ¿Qué pasará cuando, con el paso de los años, él sea viejo y ella esté en su segunda juventud? Finalmente opta por llevar la relación en secreto y alquilar un apartamento para sus encuentros con ella.

Se trata de un planteamiento moral que hoy se resolvería con un "con mi vida hago lo que quiero" o la decisión de dar prioridad al placer carnal mientras  éste dure. Para el protagonista, en cambio, se trata de una solución provisional, que le dejará la impresión de haberse equivocado: "No puedo tenerle rencor [a Dios]. Sé que me dio la oportunidad y yo no supe aprovecharla".(pág.149). Esta sensación de responsabilidad personal, de culpa, es típicamente católica. También es católica la convicción de Santomé de que es Dios, no la sociedad o la lucha de clases, el que influye en su vida: "Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro" (pág.157).

Se trata de la novela con el planteamiento católico más claro que he leído en la literatura reciente. Encontramos en el texto indicios de lo que va a ser la evolución posterior del autor. Por ejemplo, cuando denuncia la corrupción existente en Uruguay: "Antes sólo daba su coima [soborno] el que quería conseguir algo ilícito. Vaya y pase. Ahora también da coima el que quiere conseguir algo lícito" (pág.57). Nuestro hombre, que es un empleado, siente un escalofrío al escuchar a un empresario decir que "el gran error de algunos hombres del comercio es tratar a sus empleados como si fueran seres humanos" (pág.123). Un liberalismo cruel que, por mucho que se quiera disimular, explica tantos excesos posteriores.

De la novela me gustan las expresiones y vocablos típicos del Cono Sur como coima, relajo, pituca, gauchada y otros muchos. También me agradan las descripciones que hace de la ciudad de Montevideo. Por último encontramos destellos de humor. El estilo de Benedetti es elemental, frase y punto y seguido, lo que facilita la comprensión del texto. La forma de Diario permite construir una historia con un mínimo de estructura e introducir todo tipo de reflexiones e incisos. Una novela muy humana, que conviene leer despacio, con la que el lector puede sentirse identificado.