El filósofo y escritor José Carlos Ibarra Cuchillo, ha tenido la valentía de entrar en una de las épocas más pesimistas y desagradables del pensamiento alemán del siglo XVIII, sencillamente porque sobrevivir a Hegel y adentrarse en la estela marcada por Schopenhauer no fue tarea fácil, ni en aquella época ni ahora.
Volver a entrar en el profundo pesimismo que asoló durante años la filosofía alemana requiere muchos conocimientos y, sobre todo, una gran sensibilidad y nervios de acero para no caer en la cañada profunda del desencanto.
Ciertamente, las circunstancias políticas, económicas, sociales, espirituales y anímicas no colaboraron nada, pues todavía no había llegado Bismarck ni se había producido el despegue económico e industrial alemán que le situó en la cabeza y como motor de Europa hasta nuestros días.
En esta “Breve historia del pesimismo filosófico en Alemania (1740-1869)” se descubre la fuerza y la intensa crítica de Nietzsche que provocó una reacción en la teología de la Iglesia Católica que ha durado hasta Benedicto XVI: sus acerados comentarios sobre la alegría, el amor conyugal, la radicalidad del amor y del seguimiento de Dios han mantenido en vilo al catolicismo hasta alumbrar, con el Espíritu Santo, el Concilio Vaticano II.
Realmente el pesimismo y la cerrazón filosófica alumbraron cuestiones tan delicadas como la “teología de la muerte de un Dios falso y acomodaticio”, la falsa esperanza en el materialismo dialectico de Marx o la eliminación de la libertad en la fenomenología del espíritu de Hegel.
La parte esencial de este trabajo comenzará situando al lector de las coordenadas espacio temporales: “En la década de 1850, liberada del yugo francés, pero ya beneficiada de las numerosas reformas que dejó a su paso, Alemania se entregó por completo al progreso técnico y científico y alcanzó una velocidad que pronto la situaría económica, política y militarmente por delante de todos y cada uno de sus vecinos europeos” (101).
Enseguida llegará a la aportación fundamental de este ensayo: “Fue en esta década cuando la figura de Schopenhauer empezó a conocerse y su obra se convirtió en objeto de estudio y admiración entre los círculos intelectuales burgueses (…). Uno de los elementos de más calado entre la incipiente burguesía alemana fue su condena del sentido histórico y del progreso” (105).
La conclusión de Schopenhauer ante cualquier revolución de cualquier tipo era muy certera: “persuadir a los descontentos de que rebelarse contra los de arriba no cambiaría las cosas” (104).
José Carlos Martín de la Hoz
José Carlos Ibarra Cuchillo, Desencanto. Breve historia del pesimismo filosófico en Alemania (1740-1869), Guillermo Escolar Editor, Madrid 2025, 182 pp.