Uno de los síntomas más preocupantes de la secularización de una sociedad radica en el ateísmo y el agnosticismo militante entre las mujeres, cuando esa pérdida de la amistad con Dios se convierte en vivir como si Dios no existiera y, por tanto, no tenerlo presente ni en los planteamientos amorosos, ni de organización de la vida, ni de sed de eternidad, ni de referente paternal para encajar los golpes de la vida.