En este interesante trabajo sobre el diálogo acerca de Dios sostenido por Raimon Panikkar (1918-2010), profesor de filosofía de las religiones y Pinchas Lapide (1922-1997), teólogo judío, el 11 de junio de 1993 en Munich (Baviera) dirigido por Anton Kenntemich (1944-1996), periodista y teólogo católico y editado por Fragmenta editorial, hay multitud de cuestiones que podrían comentarse, y nos hemos detenido en una por su particular importancia: el problema del mal.
Efectivamente después de plantearse cómo hablar de Dios entre personas de distintas tradiciones y religiones, llegaron al acuerdo inmediato de hablar del “innombrable” (Deus absconditus) utilizando solo algunos pasajes bíblicos comunes al judaísmo, cristianismo y al Islam, que pudieran ser asumidas también por el budismo y la tradición hindú.
Llegar a un acuerdo de esas características era muy importante pues quería decir que la experiencia de Dios, es trasmisible al hombre, criatura de Dios, a través de un puente situado en el interior del hombre puesto que está dotado de una dignidad: la de ser imagen y semejanza de Dios.
Enseguida hablará de la creación, del porqué de la creación como obra ad extra de Dios para concluir que sólo el amor es la explicación de la obra creadora y redentora de Dios (24). Precisamente fue Jesús quien afirmó que “el Reino de Dios está dentro de nosotros, en el amor de Dios” (48).
Llegado a este punto se centrarán en el problema del mal. En primer lugar, Panikkar hablara del mal como un serio problema para acometer. Una primera perspectiva sería verlo como una “ilusión” de la que Dios saca un bien (83). Enseguida añadirá que mal es, ante todo, una “privación de un bien debido” (84). En definitiva, poner el problema del mal en su sitio y padecerlo, pero buscar el bien en todo. Es interesante cómo concluye Panikkar la cuestión: “la cuestión del mal revela nuestra limitación y contingencia” (86).
Para terminar, Lapide planteó la cuestión de “decirle que sí a un Dios que no conocemos” (96). Para ello planteaba la simultaneidad de Dios en el cielo y en los lugares de culto en la tierra.
Lógicamente, en el catolicismo esta cuestión es clave, pues la afirmación de Jesús en el Nuevo Testamento no deja lugar a dudas: “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” (Io 6, 55). Naturalmente, esto es una cuestión de fe no de religión. Como recordará Panikkar en ese diálogo entre las religiones hay que reconstruir el diálogo ecuménico basado en la comprensión del otro, como afirmaba Nicolás de Cusa en su célebre obra “de pace fidei” (97).
José Carlos Martín de la Hoz
Raimon Panikkar y Pinchas Lapide, ¿Hablamos del mismo Dios? Un diálogo, Fragmenta editorial, Barcelona 2018, 110 pp.