Es necesario mucho atrevimiento para meterse a decirle a los economistas lo que deben hacer en este mundo globalizado para incrementar la economía y mejorarla respetando la dignidad de la persona humana y, sobre todo, para pedirles un esfuerzo ético acorde con el bien común y el progreso de la sociedad en una economía globalizada y tan necesitada de una ética común que esté sustentada en una antropología común.
Ciertamente, el profesor Hans Küng (1928-2021) se atrevía a esto y a casi todo, puesto que como nos ha caracterizado Joseph Ratzinger siempre fue el representante de la dictadura del relativismo que, aplicado a la economía puede declarar tranquilamente casi al inicio de este trabajo: “la mayoría de las veces la humanidad aprende solamente a través del sufrimiento” (24).
En primer lugar, recordará las dos grandes concepciones de la economía de mercado. Por una parte, estaría la economía de mercado neoliberal impulsada por Friedrich August von Hayek y Milton Friedman. De otra, la economía social de mercado impulsada por Eucken, Müller-Arnack y Ludwig Erhard (29).
Inmediatamente, señalará que después de la crisis económica de 2008 solo quedaría un nuevo liberalismo o capitalismo moderado, puesto que la socialdemocracia podría estar definitivamente obsoleta y sería sustituida por una ética global que moderaría al neocapitalismo (29).
Enseguida nos dirá que el principio ético fundamental que convendría incentivar en la sociedad global por encima de los demás sería “el fomento de la libertad lo más amplia posible del individuo” (37). Por tanto, Friedman afirmaría en 1970 que “la responsabilidad social de las empresas consiste en incrementar sus beneficios” (38).
Indudablemente, Hans Küng, se preguntará, en este contexto teórico, donde queda el concepto de “bien común” y el de “interés público” para constatar que para muchos economistas actuales “la moral aparece totalmente instrumentalizada: los contratos tienen que cumplirse, es necesario ofrecer la mejor calidad posible, pues ello sale a cuenta; genera confianza y reduce los costes de información y publicidad. (…). La ética se convierte en teoría económica de la moral, en sierva del mercado” (39).
En el plano histórico Hans Küng vislumbrará el momento clave del siglo XVI con la primera globalización del mercado y resaltará que “con el tiempo se produjo una separación de la sociedad urbana y el Estado feudal. Esta separación constituyó la posterior separación de economía y Estado, sin la que habría sido posible la economía liberal moderna” (40). Lastima que no haya descubierto la figura de Francisco de Vitoria y su aportación a la moderna economía con la aplicación del derecho natural y el derecho de gentes.
José Carlos Martín de la Hoz
Hans Küng, Una economía decente en la era de la globalización, ediciones Trotta, Madrid 2019, 254 pp.