Hablaba con un amigo sobre asuntos teológicos y surgió un tema no habitual y sugerente: “El carácter de Dios”, y pocos días después me escribió:
En principio pensaba yo que el carácter es algo limitado, humano y, como es lógico, de Dios no puede decirse nada limitado. Sabemos que en Dios todas las perfecciones son infinitas. Todo es Uno y único. Que las perfecciones que predicamos de Él solo son distintos aspectos de su unidad esencial.
Ahora bien, reflexiono que, si definimos el carácter como principio de actuación ad extra de un ser, ahí sí podemos hablar del carácter de Dios respecto de nosotros. Si decimos que es “misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad” ya le estamos asignando un carácter.
En ocasiones se ha considerado a Dios como un juez severo, siempre pendiente de nuestros errores, esto ya es asignarle un carácter y no muy agradable.
Nuestro Señor Jesucristo nos hablaba del Padre mediante parábolas. Cuando trata sobre el hijo pródigo y del padre que espera para abrazarle, eso es un rasgo de su carácter. La misma definición como Padre Nuestro ya le caracteriza de algún modo.
Pienso en la parábola de los criados y las minas. Cuando llega el criado que solo había recibido una mina, este se excusa diciendo:” Señor, sé que eres un hombre de recia condición, que siegas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido” (Mt 25, 24). Está atribuyéndole al amo un determinado carácter que, por cierto, a este no le agrada lo más mínimo.
Luego me corrijo a mí mismo y pienso que sí se puede hablar dulce y libremente del carácter de Dios. Además, así le acercamos a nosotros.
Por lo que se refiere al carácter de nuestro Señor Jesucristo, recuerdo lo que escribe San Josemaría en la homilía En el taller de José. Allí dedica un apartado a hablar del trato de José con Jesús y explica cómo, en lo humano, Jesús debía parecerse a José en la forma de hablar, de sentarse a la mesa, de partir el pan…, luego en Jesús podemos hablar también de un carácter: maravilloso para los que le querían, pero odioso para los soberbios, hipócritas u hombres sin fe.
Hoy hace pocos días el papá León hablaba de “hacer teología entre todos”. Los párrafos anteriores son interesantes, no porque los haya escrito yo, sino porque nos hablan de Dios nuestro Señor y de Jesús.
Juan