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El interlocutor desconocido

Me dirigía a buen paso hacia la parada del autobús por una calle de Madrid no demasiado concurrida en ese momento. De pronto una voz ligeramente detrás de mí que me dice con énfasis “¡Hombre, buenas tardes!”. Me volví contento de encontrar a alguien conocido por las calles de la capital, pero la mujer joven que allí estaba hablaba con su móvil. Hablaba con el interlocutor desconocido. Gran desilusión y situación desconcertante pues yo me volví claramente para saludarla, como no era para menos.

La ELA que eleva

Nunca había leído un testimonio tan completo de una persona que, junto con su familia, sufre la enfermedad de ELA. Águeda está casada y tiene tres hijos. Está casi inmóvil pero puede hablar y, por lo tanto, dictar esta historia de su enfermedad. En general, ante un caso así, hablaríamos de la tremenda historia de esta mujer, pero no es el caso. Águeda se ha encontrado con Dios en estos años y ha “negociado” con Él la posibilidad de tener un tiempo para prepararse, quizá pensando sobre todo en su familia.

Buscando silencio

Más de una vez habremos observado que hay muchas personas, especialmente jóvenes, que necesitan el bullicio, los gritos, la música a tope. Esas personas tienen una sensación rara en un ambiente de silencio. Tienen miedo y ese miedo tiene una lógica porque el silencio supone soledad casi siempre, aunque en la liturgia hay momentos de silencio y en ciertos espacios de trabajo también, como puede ser la biblioteca de la universidad.

Masacre en Nigeria

Hace unos pocos días nos llegó la noticia del asesinato de niños y profesores en EE. UU. Un muchacho un tanto perturbado, en cuanto pudo conseguir un rifle, en cuanto tuvo mayoría de edad, y por lo tanto posibilidad de matar, termina con una veintena de niños y profesores, con un sentimiento de venganza, por agravios anteriores. A todos nos pareció terrible que alguien, un joven, pueda tener toda la facilidad para ir y asesinar, por odio, por venganza.

Economía vs capricho

La guerra de Ucrania nos va a afectar a todos, al parecer. Todo está más caro. Por lo que se puede leer en la prensa, parece que quien lo puede pasar peor en aquello que se refiere a lo más básico, o sea la alimentación, son varios países africanos que dependen en gran medida del trigo de Rusia. Luego están los que necesitan el gas ruso. Habrá que ver quién se lo facilita.

En Rusia, con su mujer

Las aventuras de Juan Martínez, de las que habla Chaves Nogales en su libro sobre la revolución rusa, son circunstancias de dos personas. El maestro Juan Martínez ha ido a Europa a ganar dinero con su arte flamenco acompañado de su mujer, Sole, y a pesar de los innumerables problemas sufridos hay algo que nunca queda de lado. Allí están los dos y, aun cuando haya separaciones momentáneas, Juan tiene bien claro que son dos bien unidos. En varias ocasiones hubiera podido solucionar sus peligros actuando por su cuenta, pero jamás se olvida de ella.

La locura de la guerra

La historia, sobre todo la más reciente, nos muestra como en el comienzo de las guerras hay, con frecuencia, un hombre ambicioso, ególatra, pero sobre todo loco. Las guerras llevan a la destrucción, a la muerte. Nunca la Humanidad ha presenciado tan en directo el desarrollo de una guerra como la actual de Ucrania. Hay otras guerras en otros puntos del planeta, pero por ser de menor entidad y también por tener muy poca repercusión en Occidente, no las seguimos día a día.

Hasta que la muerte nos separe

 

Qué bonito e idílico suena y hasta qué punto irreal en los tiempos que corren. Parece mentira que lo que hasta hace no mucho era la ilusión de los jóvenes cuando encontraban una persona con quien compartir su vida, después de un noviazgo prudente, se haya convertido prácticamente en una frase un tanto cursi, algo teórico e increíble. Ocurre con demasiada frecuencia.

Desde los orígenes

En 1929 Edwin Hubble descubrió algo que seguramente desconcertó a muchos científicos y filósofos: la expansión del universo. El universo está en constante dilatación. Y, a partir de ese dato, se siguió investigando sobre cómo se produce esa variación y, retrocediendo, se llega al tamaño infinitesimal del comienzo. Desconcertante para tantos que habían negado tranquilamente, sin más apoyo, la creación. A partir de ese momento ya hay más cuidado a la hora de hablar sobre este tema.

Retrasado

Más sobre el tiempo. Salió la cuestión del egoísmo de “mi tiempo” y también el tiempo perdido con los móviles y similares. Pero siguiendo con esta problemática querría incidir en los retrasos. O sea, uno queda con un amigo a las 8 de la tarde para tomar algo en el bar de la esquina y llega a las 8:30. A veces se excusa, a veces no dice nada. Si es reincidente, sonríe como quien lo está intentando pero no lo consigue.

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