El desplome del socialismo

 

La caída del muro de Berlín produjo primero el desplome del socialismo en los países del Este y, finalmente, en los partidos comunista y socialistas de las democracias occidentales. Algunos se trasformaron en partidos totalitarios nacionalistas y paternalistas como en Rusia, Venezuela y Nicaragua, y otros sencillamente terminaron por perder el apoyo de las clases medias.

La primera causa de la decadencia fue la demostración de que el marxismo era un camino de violencia y la violencia solo engendra violencia y que buscaba el cambio social mediante la lucha por el poder y la destrucción del contrincante.

Enseguida, las fórmulas económicas de la libertad de mercado se impusieron en el mundo y la práctica negó la posibilidad del socialismo económico paternalista siempre pretendiendo satisfacer la necesidad de los pobres y los necesitados sin impulsar la creatividad, ni el empuje de los más capaces.

Las medidas coercitivas del gobierno para evitar que unos ciudadanos vivieran mejor que otros o tuvieran acceso directo a los bienes de modo que pudieran satisfacer sus necesidades y enriquecerse atentaba a la elemental libertad de mercado y convertían el consumo y la desigualdad en un problema que se iba agigantando.

Indudablemente existían dos clases en el socialismo del Este europeo: la clase dirigente y la clase dirigida y una enorme distancia entre ellos, como actualmente sucede en Rusia entre los que están en el aparato del Estado, las grandes fortunas y el pueblo soberano. Ninguno de los tres da cuentas a nadie.

Evidentemente, aceleró la caída de los regímenes comunistas la diferencia tan abismal entre los mercados occidentales y los socialistas que harían inviable cualquier competición ni de armamento ni de ideología, ni de ninguna otra cosa. El libre mercado había derrotado al socialismo económico.

Evidentemente, cuando el sistema socialista requiere aumentar los impuestos más y más hasta hacerlos asfixiantes lo primero que se deteriora es la confianza en el reparto de las ayudas sociales y se introduce la sospecha de que la partidocracia se está alimentando. De ahí que la revolución más sencilla será desalojarlos del gobierno, bajar los impuestos y controlar la corrupción. La libertad quedará restablecida y desaparecerá el estrado del bienestar por la libertad de mercado.

Algunos autores han identificado los regímenes autoritarios al feudalismo medieval, aunque esto, lógicamente simplemente sería una hipótesis demasiado simple cuando no hace falta más que repartirse el poder.

José Carlos Martín de la Hoz

Verdery, K. (2017), ¿Qué era el socialismo y por qué se desplomó?, Fondo de cultura económica, México, 215 pp.