El humanismo mítico

 

Adrián Ruiz (Logroño 1999) es escritor y ensayista y tiene la habilidad de trabajar entre otras cosas en el Ateneo de Madrid con gente joven de modo que su actividad educativa y profesoral quedan compensadas.

Ciertamente, en el recorrido del humanismo a lo largo de la historia ha habido muchos recovecos, altos y bajos, desviaciones y aperturas. Lo hermoso del humanismo es que hay una verdadera unidad en la variedad.

Es verdad que el humanismo que sirve de parangón a todo humanismo es el humanismo renacentista y como tal merece la pena ser leído despacio por nuestro autor. Pero también es cierto que, por ejemplo, de todos los humanismos del siglo XX en realidad quien ha perdurado ha sido el cristiano (17).

Efectivamente, al regresar al humanismo renacentista vuelven a aparecer los conceptos fundamentales de la antropología clásica de la literatura griega y latina: la nobleza, el honor, la soberbia, la valentía y tantos conceptos que, posteriormente, sin dejar de tener el centro en el hombre, reconozcamos que era el hombre cristiano.

Es interesante, el estudio que realiza nuestro autor acerca del lujo y de la lujuria en las cortes europeas y especialmente en la romana, motivo por el cual, tras el concilio de Trento, se produjo una fuerte reacción del humanismo cristiano con el concepto clave de la dignidad de la persona humana, con llamadas a la templanza y a la moderación. De hecho, Felipe IIu austewra Corte de El Escorial impondrían en Europa un cambio de paradigma (47).

Al cambio de paradigma del humanismo pagano al humanismo cristiano impulsado por la Escuela de Salamanca en toda Europa, hemos de recordar, con nuestro autor, la importancia de los “ars moriendi” que serán un “Best seller” en el siglo XVI (113).

Es muy interesante la referencia de nuestro autor a la disputa “de auxiliis”, cuando Molina y Bañez pretendieron meterse en la mente de Dios y resolver las relaciones entre gracia y libertad (125).

Mas interesante y práctica fue la revolución del concepto de libertad en las obras de Vitoria y de Domingo de Soto (137). La libertad humana que encuentra nuestro autor en la Escuela de Salamanca se centra, no tanto en la capacidad de elegir, sino en lo que denomina santo Tomás “la fuerza de encontrar los medios en orden al último fin” (Suma, I, q.83, a.4). Es decir, fuerza. Energía, empuje para crecer los mercados, impulsar el comercio, llevar las naves en buscas de las rutas del Oriente, etc. una liberta creativa (138). Es más, como dice nuestro autor: “el ingenio tecnológico de la libertad” (146).

José Carlos Martín de la Hoz

Adrián Ruiz, El mito del humanismo. Historia y crisis de la idea moderna de hombre, Almuzara, Córdoba 2026, 250 pp.