Romano Guardini (1885-1968) fue ante todo un gran maestro y un gran profesor universitario en Bonn, Berlín, Tubinga y Múnich. También ha pasado a la historia como autor de obras señeras como “El Espíritu de la liturgia”, “El Señor” y “la esencia del cristianismo”.
En esta ocasión presentamos la reedición de un trabajo publicado tras la Segunda guerra mundial, donde Romano Guardini examinaba el agotamiento de la idea de progreso que había marcado el devenir de Occidente desde la ilustración.
Ciertamente, el verdadero poder y el verdadero progreso lo serán y serán puestos al servicio del hombre cuando se presenta una antropología completa, como imagen y semejanza de Dios y, por tanto, abierta a la trascendencia y fundamentado en Dios del que procedemos.
La infinitud del universo en expansión ha abierto los horizontes del hombre contemporáneo sacándolo de la esfera cerrada del globo terráqueo medieval y dirigiéndolo a vivir en plenitud la amistad con Dios. De ahí que afirme que hemos de poner por encima de todo y revalorizar el concepto de revelación y la persona de Cristo como plenitud de la revelación (33).
La autonomía del hombre kantiano, libre y técnicamente imparable en un progreso aparente indefinido terminó, como sabemos en dos guerras mundiales en el choque estrepitoso de las ideologías totalitarias.
Ciertamente, tras la segunda guerra mundial y la publicación de la declaración de derechos humanos de Naciones Unidas de 1949 quedó completamente revalorizado el concepto de persona. Esto implicó que el propio Concilio Vaticano II hay sido calificado como el diálogo entre la Iglesia y la modernidad sobre la base de la dignidad de la persona humana (85).
Es muy interesante la fina apreciación de Romano Guardini sobre el centro de la persona humana que bien nos puede servir como resumen de este pequeño pero interesante libro: “Solo hay una cosa que la Modernidad no ve y que, sin embargo, constituye al hombre ante todo y en absoluto: la persona finita que existe como tal, aunque no lo quiera, aunque niegue su propio ser; que es llamado por Dios, y está en contacto con las cosas y con las demás personas. Persona que tiene la libertad soberana y fecunda de poder conservar y destruir el mundo, incluso de poder conservar y destruir el mundo, incluso de poder afirmarse a sí misma y alcanzar su pleno desarrollo o abandonarse y destruirse” (103). Es muy interesante el colofón de la obra cuando afirma que la cultura de nuestro tiempo “está entrando en las fronteras de la opción absoluta y de los riesgos supremos” (134)
José Carlos Martín de la Hoz
Romano Guardini, El ocaso de la Edad Moderna, Ediciones cristiandad, Madrid 2026, 134 pp.