El problema del dolor

 

Como ha venido recordando el papa Francisco es preciso salir con alegría a sembrar el Evangelio por todas partes, de modo que la misericordia de Dios toque muchos corazones y lleguen pronto al gozo de la fe.

A la vez, es preciso adelantarnos a las dificultades para comprender la maravilla de la fe cristiana. Una de ellas es el problema del dolor. Un problema extendido en amplias capas de la sociedad, al que desea dar respuesta el Prof.  Ordeig: "Me gustaría que este libro pudiera leerlo cualquier persona sin ninguna preparación especial: el dolor y el sufrimiento están presentes en la vida de todos, y todos necesitamos alguna ayuda para saber afrontarlos. Por este motivo utilizar una nomenclatura demasiado filosófica y he reducido al mínimo el aparato crítico de citas y notas a pie de página" (10)

Enseguida dará con la clave de la cuestión: "El Reino de Dios está dentro de vosotros" (Lc 17,21). "Dios actúa prioritariamente dentro del alma de cada mujer y cada hombre (…). De lo que se preocupa, con su gracia, es de que llevemos bien las dificultades producidas por las dificultades" (61).

No olvidemos que existe una asimetría entre el bien y el mal, de ahí que  el autor busca eliminar algunos prejuicios; "el primero es ver de algún modo, en el dolor, un castigo de Dios" (82). Tampoco tiene sentido decir a la letra que el dolor sea un regalo de Dios (84).

Además, conviene recordar con el autor, que los mandamientos de la ley de Dios no son arbitrarios: "Dios no puede cambiar mañana sus mandamientos y decirnos ahora que podemos robar y matar. Los mandamientos reflejan el pensamiento de Dios, y podemos descubrirlos en lo que se conoce como ley natural"  (85).

Además, "Dios espera de nosotros que combatamos el mal más allá, donde lo encontremos" (85). Como dice san Pablo: "no os venguéis, carísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios. No os dejéis vencer por el mal, sino vence al mal con el bien" (Rom 12, 17-21).

Siempre hay más bien que mal. Por eso: "cada dolor tendrá el sentido que nosotros le hayamos impuesto" (99)."

Hemos de resaltar con el autor la "Alegría y felicidad. Eso es lo primero que Dios espera de nosotros: que estemos alegres y seamos felices. Es para lo que nos ha creado: Dios es el Dios de la alegría" (101). "Dios no quiere el mal. Pero sí quiere que lo llevemos bien" (108).

Así llegaremos al núcleo de la cuestión: "Dios ha querido este mundo tal como es, con sus penas y sus satisfacciones, y nos ha proporcionado –además- los medios necesarios para santificarnos con esos dolores y con esas alegrías" (110)

 

 

José Carlos Martín de la Hoz

Jorge Ordeig, El Dios de la alegría y el problema del dolor, ed. Rialp, Madrid 2015, 120 pp