Entre las últimas “excentricidades” del famoso filósofo eslavo Slavoj Zizek (Liubliana, 1949) se encuentra el haber publicado un trabajo sobre el “ateísmo cristiano”, concepto ciertamente desconocido, inexistente y errático, propio de una mente calenturienta que, en vez de abandonar una ideología periclitada, como es el comunismo, intenta inútilmente devolverla a la vida o seguir prolongando una agonía que ya es de varios siglos.
Lo más interesante es preguntarse qué ha visto en este trabajo la editorial Akal, de reconocido prestigio en el ámbito de las humanidades, para seguir publicando las obras de un filósofo al que solo leemos ya los que nos dedicamos a reseñar libros y avisar acerca de lo que se está publicando por si los que todavía leen libros desean estén informados y también para que a los que le interesa saber lo que se publica sepan a qué atenerse. La respuesta está casi al final del libro cuando ha criticado con crueldad realista todas las filosofías e ideologías actuales (124).
Respecto al libro en sí del que queremos hablar, debemos comenzar explicando que el título es completamente falso y propuesto solamente para ganar lectores pues nuestro Zizek comenzará explicando que si niegas la existencia de Dios directamente lo que haces es justificar la existencia de Dios. Es decir, para Zizek, como para Kant (1724-1804), la existencia de Dios como el ateísmo son actos de fe. El primero, se apoya en la autoridad de Dios que se revela y, el segundo, en la autoridad de la razón que se asienta en el centro de la filosofía contemporánea: “cada uno de nosotros tiene que dar una respuesta a la pregunta de Jesús (¿quién dices que soy yo?) desde su profundidad existencial y luego poner en práctica su respuesta” (34).
Enseguida, volverá al dilema de Feuerbach (1804-1872) acerca de si Dios ha creado al hombre o el hombre ha creado a Dios. Lógicamente, terminará afirmando que es el hombre el que ha creado a Dios como Kant que terminaba por poner la pieza de Dios para que le funcionara el montaje subjetivo que laboriosamente había construido. Es muy interesante la pregunta que se hace Zizek: “¿Y si el sacrificio de Cristo fuera el sacrificio para acabar con los sacrificios?” (45). En este punto Zizek acierta de refilón, pues la teología católica enseña que Cristo es el único y verdadero mediador entre Dios y los hombres y desde su muerte en la Cruz lo que nos pide es el “mandamiento del amor” (Io 13, 34-35).
Finalmente, volverá a fustigar las conciencias de los cristianos que han dejado de practicar o que han caído en el agnosticismo y en el ateísmo práctico, pidiéndoles coherencia de fe y de vida como ya hizo en su momento Nietzsche (1844-1900) cuando afirmaba que si la cultura moderna había matado a Dios lo que correspondía era enterrar a Dios de modo completamente definitivo y entronizar el culto al egoísmo en todas las acciones humanas y en todas las relaciones humanas y en todas las estructuras políticas y económicas (280).
José Carlos Martín de la Hoz
Slavoj Zizek, Ateísmo cristiano. Cómo ser un verdadero materialista, Akal pensamiento crítico, Madrid 2025, 371 pp.