Ibañez Langlois, escritor

José Miguel Ibañez Langlois (Santiago de Chile, 1936) es sacerdote de la Prelatura del Opus Dei además de poeta, crítico literario y autor espiritual. Ha publicado 11 libros de poesía y 24 de ensayo sobre materias literarias, filosóficas y teológicas. "Un viejo plumífero" -dirá de sí mismo con buen humor.

En el libro Conversaciones con José Miguel Ibañez Langlois recuerda que, cuando iba a ser ordenado sacerdote en 1960, le preocupaba poder compatibilizar el sacerdocio con su deseo de escribir, pero el fundador del Opus Dei le animó: "Tú escribe, hijo mío..." (pág.240). Más adelante dirá que sentía "la necesidad casi física de seguir escribiendo" (pág.225).

Graduado en Periodismo por la Universidad de Navarra, doctor en Filosofía por la Lateranense de Roma y doctor en Literatura por la Universidad Complutense de Madrid; de vuelta en Santiago de Chile añadió a su labor como sacerdote la docencia universitaria, impartiendo las asignaturas de Teoría Poética, Antropología Filosófica y Teología Moral.

Ibañez Langlois no era indiferente a los desafíos intelectuales que se planteaban en aquellos años en la sociedad y en la iglesia; y entre estos destacaba la ideología marxista. Cuenta cómo: "El marxismo a finales de los años sesenta era el pensamiento dominante en gran parte de la intelectualidad occidental" (pág.129). Después de amplias lecturas, en 1973, I.L. publicó "El marxismo: visión crítica", que alcanzó una amplia difusión en España y América.

Sobre su abundante producción apologética, Ibañez explica que no bastaba oponer a sus críticos la doctrina cristiana escueta, porque sobre esa premisa no cabía establecer un diálogo. "No se puede argumentar -explica- como si nunca hubieran existido Marx, Darwin, Nietzsche, Freud..." (pág.251); ello suponía un esfuerzo formativo enorme, para el cual el autor confiesa haberse adentrado en autores como Max Scheler, Ratzinger, Pieper o Thibon (pág.142); haber estudiado a los alemanes Wittgenstein, Husserl y Heidegger o a los franceses Bergson, Mounier, Maritain y Paul Ricoeur. Por último admite la influencia de novelistas como Dostoiewsky, Mauriac o Golding (pág.180).

Los capítulos XVI, XVII y XVIII del libro nos hablan de Ibañez Langlois como poeta, crítico literario y autor espiritual. Afirma que para ser escritor no basta querer serlo sino tener algo que decir: "Cuando se tiene algo que decir -explica- escribirlo es siempre un gozo". Recuerda "la dificultad de encontrar la expresión o la palabra justa", "un combate por conseguir claridad, la frase que fluye y la palabra exacta; el gozo de haberlas encontrado o la frustración de no haberlo conseguido" (págs. 239 y 240).

"Escribir, hablar, leer y pensar: todo es uno, es el lenguaje, el misterio del lenguaje, mi gran amor y una pasión dominante" (pág.240). ¿En qué momento elabora el autor las ideas que luego pondrá por escrito? I.L. responde: "La gran mayoría de los llamados intelectuales piensan al hilo de lo que leen, escriben y hablan" (pág.241). Podríamos decir que el intelectual  rumia sus ideas en cualquier momento, las relaciona con otras que duermen en su interior, elabora un esquema y entonces pone todo por escrito: "Cultivé el hábito de escribirlo todo a máquina [excepto la poesía], en limpio, sin posibilidad de corregir" (pág.189).

Ibañez Langlois señala que el pecado de los escritores es la vanidad, "que no les reprocho porque yo no estoy exento" (pág.241). Vanidad de ver impresas sus ideas y sus palabras, por eso añade que, antes de escribir acerca de determinadas cuestiones se encomienda al Espíritu Santo "para no desbarrar (...), y si desbarro que Dios me perdone" (pág.234).

Juan Ignacio Encabo Balbín
Braulio Fernández y otros, Conversaciones con José Miguel Ibañez Langlois, EUNSA, 2025.