Mil días y mil noches en soledad y en silencio. Iñaki Urdangarín llega a prisión con el ánimo destruído y piensa que tiene que hacer algo para aprovechar el tiempo durante su estancia en la cárcel. Pide libros sobre el bienestar emocional, otros le llegarán sin haberlos solicitado. Es lo que el autor llamará sus ochenta y dos maestros: "En aquella celda descubrí libros que, seguramente, jamás habría leído, autores que se convirtieron en queridos maestros, casi amigos, voces que me acompañaron en las horas más oscuras. Me hablaron al corazón. Fueron mis faros, mis guías.