Ilustración y liberalismo en la España del XIX

 

En el tiempo que trascurre entre la muerte de Carlos III, en 1788, y la aprobación de la Constitución liberal en Cádiz en 1812, pasaron muchas cosas en la vida religiosa, cultural y política de España, entre otras, la implantación del liberalismo en nuestro país, como un fenómeno “lógicamente natural” que sucede en plena continuidad con el desarrollo de los acontecimientos y de las corrientes de pensamiento, en concreto, la “desconcertante Ilustración a la española” (14).

De esto, y de otras muchas cuestiones, tratará esta magnífica reedición muy ampliada, y completamente transformada de la primera tesis del autor publicada en 1970, cuando Antonio Domínguez Elorza (1943) era un joven doctorando que llegará a regentar la  Cátedra de teoría política de la Facultad de Ciencias políticas de la Universidad Complutense de Madrid y experto profesor de política, sobre todo en lo relativo a los planteamientos ideológicos de la ilustración y del liberalismo español en el comienzo del siglo XIX ( 21).

Enseguida, en la lectura de este trabajo, se aportan muchas luces del juego de interrelación entre el poder político y el eclesiástico. Verdaderamente, lo que parecen contradicciones en las diversas reacciones de los estamentos religiosos frente a determinadas medidas de los gobiernos ilustrados de Carlos III y Carlos IV, podría perfectamente entenderse como la variedad y diversos grados de implantación de la propia ilustración y del incipiente liberalismo.

En cualquier caso, siempre hemos de hablar de las peculiaridades de España frente a nuestra vecina Francia, de ahí que Campomanes, presidente del Consejo de Estado, habitualmente afirme que “La Iglesia es un baluarte del Estado” (31). Es interesante, la habitual alabanza desde el gobierno a las obras de Feijoó, Mayasns y Jovellanos (35), así como al incipiente impulso ilustrado de la Universidad de Salamanca a favor de un cambio de método en las ciencias naturales y experimentales. Como sabemos, esto cuajará en las asociaciones económicas de amigos del país, que se extendieron por toda la geografía y emulaban entre sí (39).

La fecha de 1790 marcaría en toda Europa un aldabonazo, no solo en la conciencia personal de todos los ciudadanos y en la conciencia política y social de quienes ejercían el gobierno y la administración. Sobre todo, el paso del tiempo, produciría muchas dudas, tomas de posición, análisis de la situación. La pregunta acerca de si el poder venía de Dios a través del pueblo y del monarca o directamente estaba en el pueblo, quien en su nueva mayoría de edad filosófica y política, podría girar en el futuro. En cualquier caso, en España y sus virreinatos se optaría por un riguroso silencio, un apoyo incondicional a la corona la Iglesia como rectores de las conciencias en el más profundo sentido práctico (383). Una vez más, las órdenes y medidas cautelares no sirvieron para nada pues las noticias y las ideas iban tan deprisa como si existiera internet y, e muy poco tiempo en las librerías podían encontrarse los textos clave y en las tascas y ventas sus correspondientes glosas (387).

José Carlos Martín de la Hoz

Antonio Elorza, Ilustración y liberalismo en España, ediciones Tecnos, Madrid 2021, 699 pp.