Juan Pablo II y los jóvenes

El domingo de la Divina Misericordia es canonizado Juan Pablo II, como también fue beatificado en ese domingo. Ahora le acompaña Juan XXIII, menos cercano en el tiempo a nosotros,  que convocó el Concilio Vaticano II. Ambos son un regalo de Dios para el siglo XXI.

Un hombre feliz: eso es ser santo

         Si uno pregunta qué es la fama de santidad podemos decir que es la conmoción que sentimos los hombres ante la categoría humana y espiritual de una persona, y con más motivo los que han convivido o han trabajado con él. Juan Pablo II ha sido un hombre de firmes convicciones y lleno de fortaleza; ha sufrido desde la infancia y en la juventud; como sacerdote, como obispo y Papa. Ha defendido la dignidad de las personas, de los trabajadores, de los creyentes, de todos, dejándose la piel en el intento trabajando en las minas, en Nova Huta, en Cracovia y en Roma, y en sus agotadores viajes por el mundo entero.

          Por ahí circula un video titulado «El payaso que mató de risa a Juan Pablo II», pues con la actuación de aquel joven el Papa no paraba de reír. Es una señal evidente de que Juan Pablo II era un hombre feliz como un niño porque se sabía amado por Dios y entregaba su vida como servicio diario. La verdadera alegría tiene la sencillez de los niños y las raíces en forma de cruz. Por eso conectaba con el alma limpia de los jóvenes «se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo», les dijo en Madrid- y amaba entrañablemente a los pequeños, bendiciendo y besando a millares de ellos, cuando sus madres se los ofrecían emocionadas. Hoy mismo esas criaturas quizá lo desconozcan o lo olviden pero han sido tocadas por las manos de Cristo; porque los santos hacen presente a Jesucristo en nuestras calles, en nuestros trabajos y en nuestras familias. Y es tan fácil olvidarlo; por eso esta Canonización de Juan Pablo II el Papa Grande y de Juan XXIII el Papa Bueno asegura nuestra memoria y garantiza nuestra esperanza.

Un catalizador de vocaciones

         Dios sabe lo que se hace y utiliza instrumentos que realizan con fidelidad sus designios en favor de los hombres. Pero ocurre que no siempre aparecen milagros fulgurantes que obliguen a aceptarlos, aunque reflexionando un poco podemos comprobar que hoy también hay milagros. Algunos ejemplos con Juan Pablo II pueden ser la caída del muro de Berlín y el derrumbe del poder soviético; tantas conversiones experimentadas por personas que saben con absoluta certeza que Dios les ha tocado el corazón directamente; y también muchas vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada. También Juan XXIII tuvo la audacia, movido por Dios, de convocar el Concilio que había de renovar a la Iglesia y situarla a la cabeza de la nueva humanidad en el siglo XXI.

            Es el fruto del atractivo sobrenatural y humano, que suelen ir juntos, como en Juan Pablo II. Por sus viajes son miles los sacerdotes que han dado el paso, dejando proyectos humanos, para estudiar, servir, y renunciar al matrimonio abrazando el celibato que vivió Jesucristo. En los seminarios, movimientos, casas de formación de religiosos, y en otras realidades eclesiales vemos a muchos seminaristas y aspirantes que han cambiado el rumbo de su vida reconociendo expresamente que han seguido la llamada de Juan Pablo II en nombre de Cristo.

          Juan Pablo II no era especial porque era excepcional, y me explico. Un santo no es un hombre extraño que vive apartado del mundo sin entender los gozos y sombras de su tiempo. No es así: un santo es un hombre o una mujer, una persona que ama de verdad al mundo; que sintoniza perfectamente con su tiempo y que está tan unido a Dios; que tiene la sabiduría, la fortaleza y el amor para proclamar la verdad sobre Dios y sobre el hombre, a la vez que se lanza por los caminos de la tierra para sembrar la verdad y caridad del mismo Jesucristo. Por eso un santo es excepcional, gasta su vida olvidándose de sí mismo, y deja una huella imborrable. Por eso ahora la Iglesia canoniza a Juan XXIII y Juan Pablo II.

 

Jesús Ortiz López

Doctor en Derecho Canónico