La intranquilidad

 

Hay que reconocer que la lectura de este pequeño libro que ahora deseamos comentar, aunque sea brevemente, es fruto de la provocación de la curiosidad intelectual deriva de la lectura de la solapa del libro. Efectivamente que una editorial como Fragmenta tan unida a la filosofía y teología proveniente del monasterio benedictino de Monserrat y, en general, que recoge las novedades del pensamiento y de la cultura contemporánea en Cataluña, haya publicado un libro de una teóloga protestante francesa, la escritora Marion Muller-Colard (Marsella 1978), es interesante.

Después de la lectura atenta del libro hay que reconocer que es un acierto la publicación del mismo, nuestra autora habla desde todos los ángulos, como madre, como cristiana y como teóloga sobre la inquietud y la intranquilidad pues, como comenta la propia autora es fundamental para una madre y, en general, para  la familia reconocer que con solo su amor y su afecto no puede asegurar la vida y la felicidad de sus seres queridos.

En definitiva, este libro versa sobre la intranquilidad, tanto la que los hombres padecemos, bien por poseer un carácter impaciente, bien por la necesaria humildad para aceptar que el mundo se escapa de nuestro poder y dominio: "Intranquilidad definitiva de la madre que aprende en sus carnes que ya no puede garantizar por sí sola la supervivencia de sus hijos" (24).

Asimismo la autora recoge la inquietud y la intranquilidad que genera la lectura de la Sagrada Escritura y, aún más en concreto, del Evangelio en el alma de una persona de nuestra cultura europea actual, pues siempre golpea el alma, nos saca de la zona de confort, remueve los planteamientos acomodados: "Esa palabra Padre que perturba y hace crecer, yo la he oído releyendo el evangelio. Junto con la intuición de que solo el camino de la intranquilidad me haría avanzar en la vida. Y que era urgente abandonar los caminos trillados del bienestar y de las certezas" (39).

Es decir, la autora desea subrayar a lo largo de su trabajo que los Evangelios llevan indudablemente a la intranquilidad por hacernos ser mejores, por hacer más bien, por colaborar más activamente en la construcción de una nueva cultura: "El evangelio solo puede comenzar si, exclusivamente, una joven y un joven con la vida bien trazada por delante renuncian a las líneas rectas y, haciéndolo, renuncia al único objetivo de evitar el riesgo. Si asienten a la condición humana de la intranquilidad" (40).

El libro puede resumirse en el comentario de la autora a las tablas del retablo de Mathias Grünewald en el Museo de Unterlinden en Colmar, comenzando por el sí de Maria en la escena de la Anunciación (45) para pasar a la tabla del nacimiento y concluir de modo magistral: "El evangelio me coloca un recién nacido en los brazos y me dice: he aquí tu Dios. Porque eres frágil, él también se ha hecho frágil: ¿cuentas con él? Haces bien. Y porque tú cuentas con él, él también cuenta contigo. No nos encontramos en tierra de certezas, estamos en un camino de confianzas; a cada paso te lo vuelves a jugar todo. No hay un sí que valga para siempre. Si buscamos la tranquilidad da por seguro que has errado el camino" (49).

José Carlos Martín de la Hoz

Marion Muller-Colard, La intranquilidad, Fragmente editorial, Barcelona 2020, 91 pp.