La Primera República Española de 1873-1874 tuvo una vida tan efímera y ha dejado tan poco rastro documental, que, en realidad, a día de hoy, es muy poco conocida y valorada por los historiadores y el gran público como lo que fue: como una verdadera experiencia democrática (28).
La Profesora Florencia Peyrou ha realizado un verdadero trabajo de síntesis que merece todo el aplauso pues ha reunido los antecedentes, el desarrollo de los acontecimientos y la final destrucción de un hermoso ejercicio de democracia en el siglo XIX.
Ciertamente, con la documentación aportada por la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, se puede concluir con la autora que los tiempos no estaban todavía preparados para esa experiencia, nadie podía pensar en “un riesgo inasumible por una nación” (12).
En primer lugar, debemos aportar el testimonio de Peyrou sobre su trabajo: “La experiencia española de la Primera República -y el Sexenio del que es indisociable- se extiende en este libro a partir de estas coordenadas. Constituyó un episodio de apertura, efímero, seguido de un fuerte retroceso, en un contexto occidental de avance progresivo, pero muy irregular y conflictivo, hacia mayores cotas de libertad” (25).
Inmediatamente, hemos de reconocer que los tiempos no estaban preparados para tanta libertad como proporciona un régimen republicano: “La imagen es la de un plano inclinado por el que fatal e ineludiblemente se desliza el régimen republicano para aterrizar en algo más consistente, realista, pragmático, historiable, que es el régimen restaurador” (29).
Es muy interesante observar la evolución del concepto de libertad en los liberales: “Si el primer liberalismo español había concebido la libertad como participación política y vigilancia constante, desde una concepción de ciudadanía como un derecho natural, hacia 1830 prácticamente todos los liberales coincidían en su significado como garantía del orden y los derechos civiles de la población y vinculaban los derechos políticos a la población” (36).
Ciertamente el censo de votantes supuso un termómetro del grado de democracia y la escasa confianza en la capacidad electoral del pueblo soberano: “El nuevo curso del liberalismo mayoritario se plasmó en la Constitución de 1837, elaborada por una combinación de liberales moderados y progresistas, que reforzó la autoridad monárquica, estableció un sistema bicameral e instauró el sufragio censitario, restringido al 2,2% de la población” (37). Son muchas las etapas intermedias entre las Constituciones de las Cortes de Cádiz y la de 1976. Pero esta etapa que hemos rememorado fue capital.
José Carlos Martín de la Hoz
Florencia Peyrou, La Primera República. Auge y destrucción de una experiencia democrática, Akal ediciones, Madrid 2023, 372 pp.