La publicidad dirigida a los niños

 

Desde hace ya unas décadas hay una tendencia peligrosa de las marcas a crear una publicidad que enganche a los niños. Los expertos en publicidad son conscientes de que los pequeños se encaprichan fácilmente de cosas atrayentes: juguetes, alimentos, vestidos… Y también saben los versados en publicidad que hay muchos padres que son incapaces de oponerse a los deseos de los hijos. Esto supone un peligro grave, muy presente en nuestra sociedad, de crear niños que crezcan egoístas, materialistas y, por lo tanto, mucho más lejos de una auténtica educación trascendente.

“El niño, futuro adulto, no tiene aún dinero, pero es un libro por escribir como un ser dúctil y moldeable. Debido a la neuroplasticidad del cerebro infantil, los niños aceptan como ciertos todos los mensajes que les lleguen independientemente de su fuente. No tienen un filtro crítico, no distinguen la fantasía de la realidad, ni la publicidad de la realidad. Son consumidores indefensos y es por eso que se ha hablado tanto de ética en marketing” (p. 116) (1).

Curiosamente, esto que podría ser perfectamente conocido por la mayoría de los padres, nos les mueve, casi nunca, a cuidar la información que tienen los hijos, a enseñarles la importancia del desapego, a explicarles que eso y eso otro no lo necesitan, que no se puede estar gastando dinero por puro capricho. Esto parece elemental, sin embargo, ocurre que los padres están poco en casa, que se permite a los niños que estén delante de la televisión mucho tiempo y, ya no digamos, en el momento que se permite que los niños, los jóvenes, estén libremente enganchados a los móviles.

“Los deseos del niño consumidor son menos racionales que los del adulto, ya que carece de sentido crítico y, por tanto, es más fácil conseguir su fidelización o, como se diría en marketing, su engagemant, es decir, la conexión y compromiso que un consumidor tiene con una marca o producto. La fidelización del producto va más allá de la venta. Va a generar una conexión con la marca, incluso una lealtad. La naturaleza impresionable del niño le pone en mera desventaja frente a unas técnicas publicitarias, que son altamente elaboradas y sofisticadas”. (p.118) (2).

Esta es una problemática que parece elemental: es un riesgo muy grande dejar a los niños, a los jóvenes, delante de la televisión sin más, pero mucho más peligroso es el móvil, permitir que los niños, que los jóvenes, estén a sus anchas, en su habitación, teniendo en las manos un medio de comunicación que es altamente peligroso cuando no hay un criterio bien formado. A un joven de cierta edad, con buena formación, es más fácil advertirle del peligro y, por lo tanto, que admita ciertas limitaciones.

“Varias son las técnicas que se usan en la publicidad dirigida a los niños. Fundamentalmente, se diferencia del marketing de adultos en que los condicionamientos que provocan son más básicos y nucleares. La publicidad infantil suele comprender el uso de personajes animados, caricaturas o mascotas. Por ejemplo, marcas como Kellogg’s han utilizado personajes como el tigre Tony para hacer sus productos más atractivos para los niños, creando una conexión emocional a través de figuras divertidas y memorables” (p. 118) (3).

Quedarse al margen de estas problemáticas supone una grave responsabilidad de los padres.

Ángel Cabrero Ugarte

Miguel Ángel Ruiz, La destrucción planificada de la infancia, Cydonia 2025