La revista Omnes de septiembre de 2026 contiene una entrevista con Lorenzo Fazzini, responsable de la Librería Editorial Vaticana. Fazzini opina que una editorial católica "está llamada a habitar el ágora cultural confrontándose, más allá del perímetro exclusivo de los creyentes, con las preguntas fundamentales sobre la vida, la muerte, el mal, el perdón y la esperanza".
Cuando el clubdellector inició su andadura, existían dos puntos de vista: aquellos que opinaban que sólo se debían comentar las obras maestras de la literatura, y los que pensaban que la mayoría de los libros contienen valores dignos de ser promocionados. Por supuesto, hay textos que quedan al margen de esa posibilidad y se consideran no recomendables.
El entrevistado insiste en que hay que evitar ser autorreferenciales, es decir, no se trata de hablar permanentemente sobre el cristianismo y la Iglesia católica sino de buscar los valores contenidos en todo tipo de obras literarias: el Bien, la Belleza, el Amor o la Verdad. Insiste Fazzini: "Dar a conocer voces nuevas procedentes de todas partes del mundo, para difundirlas después a cada rincón de la Iglesia universal".
Cuando el periodista le pregunta sobre el papel que puede desempeñar una editorial católica en el debate cultural, el editor hace extensivo este empeño a cualquier creyente: "Un editor católico, al igual que debería hacer cualquier católico sencillo, tendría que aportar su voz". No me gusta la expresión católicos sencillos porque puede haberlos muy complicados. San Juan Pablo II se quejaba de que se leían poco sus encíclicas, y es que, como filósofo que era, no eran fáciles de seguir. Antes que hablar de católicos sencillos prefiero referirme a católicos corrientes.
"Cuando los no creyentes -continúa el entrevistado- oyen hablar a los creyentes de sus cosas, escuchan una lengua extraña que no les dice nada. Sin embargo Jesús hablaba de sal, levadura, lámparas, tesoros, campos, padres, madres...". A mi siempre me ha extrañado que los predicadores -evidentemente no los papas ni los obispos- sean incapaces de bajar con sus palabras a las cuestiones de la vida diaria, con lo cual se produce un salto difícil de conciliar entre la realidad y la predicación, entre lo que se habla en la calle y lo que se escucha en el templo.
Por último, señala Fazzini: "Están creciendo los lectores empedernidos que encuentran en nuestras publicaciones una mirada de fe sobre determinadas situaciones, acontecimientos y problemáticas". Me encanta lo de lectores empedernidos.
Juan Ignacio Encabo Balbín
Fazzini, Lorenzo, La peculiaridad de la edición católica debería ser la universalidad, Omnes, septiembre 2026.