La vertebración de España

 

El catedrático de Historia moderna de la Universidad del País Vasco, José María Imizcoz con la colaboración de dos profesores del departamento, Andoni Artola y Javier Esteban han realizado un magnífico trabajo de la Historia moderna y contemporánea de España para mostrar la vertebración del país en los siglos XVI-XIX.

Ciertamente, se están reproduciendo en nuestro tiempo viejos e intensos debates acerca de la integración de España y de sus comunidades autonómicas en el engranaje de una Europa unida sin fronteras en lo que terminará por denominarse la Europa de los pueblos, pues desde hace muchos siglos estamos llegando ciertamente a la unidad en la diversidad: juntos los pueblos de Europa somos más fuertes en la economía mundial.

A la vez, la riqueza cultural, lingüística y artística de Europa tiene unas raíces comunes que son, indudablemente, la filosofía griega, el derecho romano y el cristianismo que se apoyan en la dignidad de la persona, del hombre como imagen de Dios.

Precisamente en este año estamos celebrando el quinto centenario del comienzo de la Escuela de salamanca y por tanto del paso del humanismo renacentista al humanismo cristiano y de este al humanismo global donde verdaderamente el hombre es el centro del mundo jurídico y económico y teológico.

Ciertamente el paso de “la unión de trono y el altar” al mundo liberal y al anticlericalismo del siglo XIX con la habitual alternancia entre liberales progresistas y liberales conservadores, terminaría en una horrenda guerra civil por no haber resuelto democráticamente la cuestión.

La voluntad reformista de la ilustración española del siglo XVIII con Carlos III y sus gobiernos antieclesiásticos terminaría por producir una quiebra en la conciencia de muchos en las oleadas de sucesivas desamortizaciones, al no distinguir entre la fe cristiana y las estructuras eclesiásticas y la curia romana (203).

El tránsito de la religión católica entrañable y materna a la llamada cuestión religiosa que llevaba la espiritualidad al fondo de las conciencias y a apropiarse de los bienes eclesiásticos. Quienes pagaron el golpe fueron los pobres y menesterosos que ya no tenían ni las tierras de la Iglesia para trabajar ni los bosques vecinales para coger leña ni las limosnas de los conventos y las comidas en las casas de caridad (339).

La tentación del poder civil de seguir manteniendo prerrogativas con la Iglesia duró hasta la entrega y renuncia del derecho de presentación de obispos por parte del rey Juan Carlos I y los acuerdos Iglesia y Estado del comienzo de la transición democrática. Ciertamente hubo muchas paradojas en estos procesos (393).

José Carlos Martín de la Hoz

José María Imizcoz, La vertebración de España. Culturas políticas, organización institucional y entramados sociales en la primera modernidad española (siglos XI-XIX). Marcial Pons, Madrid 2026, 471 pp.