La vida de fe de los primeros cristianos

 

En el último trabajo del profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santiago Guijarro (1958) catedrático de Nuevo Testamento de la facultad de Teología, busca adentrarse en la vida interna de las ciudades de Ponto y de Bitinia, al final del siglo I y comienzos del II, en un lugar tan alejado de Judea y Galilea.

Estamos en la época de la consolidación de la fe de las primeras comunidades cristianas, en el comienzo del siglo II, cuando los apóstoles ya habían muerto y arreciaban las persecuciones romanas y la animadversión de los judíos y paganos. Para este nuevo estudio, el Prof. Guijarro contará con la primera carta de san Pedro y la correspondencia entre el gobernador Plinio el joven y Trajano acerca de los cristianos, situadas ambas en el Ponto y Bitinia.

Se reunían en día fijo y el domingo: “día del Señor” (Ap 1,16), para celebrar, antes de la salida del sol, la eucaristía (Act 20,7), tal y como refiere San Justino en la primera Apología (I, 67,3), pues era “el centro de la vida de los grupos cristianos” (79).

Es interesa que en la opinión de Plinio respecto del cristianismo tenga importancia el sacrificio: “lo más llamativo era que el culto a ese dios les impidiera mostrar respeto y reverencia a otros dioses” (89). Seguramente, porque era una prueba de la verdad de la existencia de un Dios único. De hecho, añade Guijarro: “la convicción de que únicamente existe un Dios se expresaba en un culto también exclusivo, de modo que tanto judíos como cristianos solo daban culto al único Dios verdadero” (90).

La lectura de la documentación de Plinio y Trajano lleva a la conclusión: “Todas estas investigaciones están de acuerdo en que el reconocimiento de la condición divina de Jesús se expresó de forma inequívoca en el hecho de darle culto y por ello se preguntan si los primeros cristianos, además de dar culto al único Dios verdadero, dieron también culto a Jesús (…). En la mayoría de ellos es claro que sólo Dios recibe culto, aunque en ese culto Jesús actúe como mediador” (91).

Precisamente, la fidelidad capilar de los cristianos en el cumplimiento de sus ritos era vista como una de las causas más importantes de que, por el contrario, se hubieren vaciado los templos paganos (93). Y cuyo objetivo es recordarles la esencia de la fe cristiana; la llamada a la santidad personal: “Seréis santos porque yo (vuestro Padre) soy santo” (1 Pet 1, 14-16), correspondiente a la elección divina (1, Pet 1,1) a un nuevo nacimiento (1 Pet 1,3) gracias a la resurrección de Cristo. Además, confirma que en Asia Menor se les llamaba “cristianos” (1, Pet 4, 16).  Asimismo, hay acuerdo en que la carta debía ser un estímulo para toda aquella comunidad (100).

Es interesante, que la llamada a comportarse según Cristo, en plena coherencia con la fe recibida (1 Pet 3,16) y, en consecuencia, la plena perseverancia al don de Dios (1 Pet 4, 12), incluso con la prueba de fuego de la persecución (119).

José Carlos Martin de la Hoz

Santiago Guijarro. El cristianismo como forma de vida. Los primeros seguidores de Jesús en Ponto y Bitinia, ediciones Sigueme, Salamanca 2018,