El Maestro Eckhart OP (1260-1328) ha recuperado el honor y la fama y, en cierto modo, su memoria, tras el documento emanado por Dicasterio de Doctrina de la fe en 1992 en el que se dictaminaba la integridad de toda si doctrina y se levantaban las sombras de sospecha de un tribunal de la Inquisición en 1329, durante el Pontificado de Aviñón del papa Juan XXII.

En esta ocasión, la editorial cordobesa “Cántico” os ofrece una de las obras más características del maestro Eckhart: los comentarios al Evangelio de san Juan, uno de los tratados más elegantes de sus obras donde el gran dominico impulsó la vida mística y la unión con Dios de la totalidad del pueblo cristiano.

Es de notar, las impresionantes predicaciones de Eckhart en el mercado, al aire libre y rodeado del pueblo sencillo e ignorante al que movía como nadie a la vida de piedad y a la contemplación como si fueran avezados religiosos que llevaban años de práctica de la vida ascética y mística. Fueron precisamente algunos envidiosos predicadores quienes le acusaron de panteísta y de disolver al hombre en Dios.

Por otra parte, Eckhart se refiere en esta obra a lo que sería la continuidad de su predicación, es decir: “la santidad como fruto de la nada”. Es decir, buscar a Dios en el centro del alma, como luego recomendarán todos los santos y a vaciarse del propio yo (humildad y entrega) para llenarse del amor de Dios: que pueda inundar el alma porque se ha “vaciado del yo”.

Por tanto, estamos ante un verdadero maestro en Teología capaz de alcanzar las altas cima de la especulación y a la vez capaz de conectar con las almas sencillas y llevarlas de la mano del Espíritu Santo a la identificación con Jesucristo.

Precisamente, es el Evangelio de San Juan el más místico de los evangelios, el que toma altos vuelos especulativos y el que profundiza en el concepto de la divinidad de Jesucristo y su unión íntima y profunda con el Padre en el Espíritu Santo.

Una de las líneas de fuerza del evangelio de Juan es que siempre ha sido Dios y su Hijo Unigénito y el Espíritu Santo quien toma la iniciativa, da la gracia sobreabundante, colma con sus dones.

La infinita paciencia y benevolencia de Dios aparecerá a lo largo de todo el evangelio. Sencillamente, Dios que es amor, sale diariamente al encuentro del hombre, de cada hombre, y le entrega el paraíso, como al buen ladrón, en cuanto manifiesta una fe más pequeña que un grano de mostaza y, sobre todo, cuando el hombre recibe y coloca el nuevo mandato de la caridad en el centro de su relación con Dios y con los demás hombres.

José Carlos Martín de la Hoz

Maestro Eckhart, Comentarios al Evangelio de Juan, Editorial Cántico, Córdoba 2026, 452 pp.