He leído una novela de Jetta Carleton, “Cuatro hermanas”, escrita en los años 60 y que, como el título indica, habla de una familia americana. Una familia que crece entre los trabajos del campo y la ciudad. En los diversos capítulos van apareciendo historias de unas y de otras hijas, y también del padre y de la madre. Esto resulta un poco lioso en algún momento porque la historia retorna una y otra vez a los años en que van apareciendo cada una o en que se conocen los progenitores.
Surgen, por lo tanto, muchas historias variopintas de las circunstancias de cada uno de ellos, padres e hijas. Amoríos, dificultades en el matrimonio, rupturas. Quizá lo que puede sorprender es las muchas ocasiones en las que hay dificultades de entendimiento. Y después de terminar el libro me queda una cuestión pendiente. Casi todo el libro está describiendo situaciones familiares curiosas y cómo van conociendo a los hombres con los que contraerán matrimonio, pero en ningún caso se habla de noviazgo, ni se describe algo que se parezca. O se casan apresuradamente o no cuenta la autora como llegan al matrimonio unos y otros. Y claro, las problemáticas surgen abundantes.
Me parece que es un problema también de nuestros días. En varios momentos de esta historia, porque apenas hay un tiempo normal de conocimiento mutuo. Y, al contrario, porque en el tiempo de preparación del matrimonio se alarga mucho pero hay relaciones sexuales. No hay un noviazgo lógico, de preparación, de conocimiento, de hablar del futuro. Hay una especie de convivencia previa, que no prepara lo que tiene que venir después. Y así surgen, con tanta frecuencia, los divorcios.
Da la impresión de que hoy pocos jóvenes entienden la importancia del noviazgo. La idea de compartir un tiempo tranquilo, simplemente para intercambiar opiniones y hacer planes, parece que ha desaparecido. A la mínima de cambio se van a casa de uno o de otro, y entonces lo que debería ser diálogo termina en relación sexual. De esa manera no hay preparación para la convivencia posterior.
El noviazgo es conocimiento mutuo. Conocimiento de la personalidad, de las capacidades de la persona, de sus delicadezas. Momento para detalles de admiración, detalles de generosidad por los que se descubre que a él/ella le gustará este detallito, este libro, esta película… Es tiempo de descubrir, de ir conociendo mejor al otro.
Cualquiera se da cuenta de que hay muchas cosas de qué hablar, pero da la impresión de que, en gran medida, se ha perdido el sentido último del matrimonio, la paternidad y, por lo tanto, de lo que sea el noviazgo.
En algunos casos se aprecia una prisa por casarse. Esto se puede ver en esta novela. Hay un descubrimiento, una atracción y, cuanto antes una relación íntima, que fácilmente puede llevar a un matrimonio poco preparado o a una relación sexual sin compromiso, porque si no hay boda nunca se sabe en que terminará ese conocimiento.
Esto se está convirtiendo en algo normal y lleva consigo la probabilidad de la ruptura. Es curioso que en este libro, publicado en los sesenta, ya exista esta problemática, con todas sus consecuencias.
Ángel Cabrero Ugarte
Jetta Carleton, Cuatro hermanas, Libros Asteroide 2009