Laurence Joseph (Le Mans 1980), profesora de medicina de la Universidad de Paris recupera la tradición de los médicos de escribir sobre el ser humano, pues conocen muy bien a través de sus enfermedades y del talante para sobrellevarlas.
El silencio es ciertamente uno de los grandes dones con los que Dios nos ayuda a elevar el alma y poder entrar en contacto directo con el creador que es el único que realmente y afondo nos entiende en profundidad.
Nuestra autora comienza criticando durísimamente al que guarda silencio ante un abuso, un atropello a su dignidad, una humillación sencilla que nos hace quedar mal y que nos hiere o una herida que o se enseña enseguida o uno puede quedar traumatizado (10).
En ese sentido, como médico y como psicóloga la profesora Laurence Joseph provocará al máximo al paciente a hablar para poder sanar, curar, cerrar esa herida del alma y encajar ese golpe de la vida.
Ciertamente, nos dirá la autora, los silencios peores son los impuestos. Es más “si lo que debo callar es una violencia de la que soy objeto, esta se vuelve contra mí, el silencio que guardo bajo amenaza producirá síntomas. El cuerpo distingue los diferentes tipos de silencio; los impuestos siempre se transforman. Esos son los efectos perversos del silencio” (17).
Enseguida nos hablará de guardar quince minutos de silencio al comienzo de la jornada, “ese silencio es mi favorito porque anuncia las palabras que vendrán, los desafíos de la jornada” (18). Ese es el tiempo que los cristianos dedicamos a la oración personal de intimidad con Jesucristo que serena el alma y llena de energía. Y continúa ella: “ese tiempo de preparación está teñido por la confianza. Se que cuando termine, podré continuar, aceptar, adaptarme sentir cansancio, impaciencia o entregarme a las ensoñaciones” (18).
El silencio del médico mientras el paciente se desahoga, narra sus síntomas sus inquietudes: “la práctica del silencio. Exige saber cuándo interrumpirlo. No se trata simplemente de callarse la boca” (22).
Enseguida, abordará el silencio profesional, el de los amantes, el del secreto guardado a un amigo, y tantas cuestiones que se basan en la confianza y que solo pueden hablarse en la oración (33).
Incluso un poco más adelante tratará de “la ley del silencio: el secreto familiar” (41), algo tan sensible y delicado que ayuda a proteger el honor y la fama (55).
José Carlos Martín de la Hoz
Laurence Joseph, Nuestros silencios. Por qué callamos, gatopardo ediciones, Barcelona 2026, 157 pp.