En este volumen que ahora presentamos se recoge las clases o seminarios que impartió el catedrático de filosofía Martin Heidegger (1889-1976) en el curso 1951-1952 en la universidad de Friburgo acerca de la teoría del conocimiento, eso sí en dialogo con la modernidad.
En primer lugar, como premisa de partida, Martin Heidegger resaltará que el hombre para pensar ha de empezar por querer hacerlo. Es decir, que la teoría del conocimiento comienza con un acto libre, el de querer pensar, conocer, aprender y desarrollar la capacidad intelectiva (15).
Enseguida comenzará a diseccionar la diferencia entre pensamiento y poesía siguiendo de cerca al poeta Friedrich Hölderlin (1770-1843), es decir, la diferencia entre el pensar y lo más “merecedor de pensarse” (25). La conclusión la aporta el propio poeta cuando afirmaba: “Quien ha pensado lo más profundo, ama lo más vivo” (25). En ese sentido, pensar y amar, se están refiriendo a pensar y a querer pensar. Por tanto, a pensar se aprende pensando, como a amar amando.
Ciertamente, en el desarrollo de la razón hay una luz interior que nos guía hacía el problema que nos hemos planteado, la tesis que deseamos desentrañar y aquello que llama nuestra atención (27).
La presencia de Nietzsche en este trabajo es abrumadora y, con ella, la ácida crítica a la modernidad por no haber sido consecuente con la “muerte de Dios” y no haber creado el “superhombre”. También se referirá al mal terrible de la desertización, es decir, a la desaparición del suelo para incrementar el desierto donde no solo no crece nada, sino que no crecerá nunca más (28).
Esto no es de Heidegger, pero realmente, lo único que puede parar la desertización en la civilización occidental, es el amor. Y solo el amor es el máximo acto de libertad para impulsarnos al conocer: nadie ama lo que no conoce. Esto es lo que se concluye de este camino que va esforzadamente trabajando este delicioso trabajo escrito por un autor que preconiza el fin de la metafísica y que tan magistralmente domina la ciencia por excelencia que es la ciencia del ser. Realmente nos dirá Heidegger: “La investigación científica de la historia del pensamiento occidental nos dice que Aristóteles, a juzgar por su doctrina del conocimiento, fue un realista. Es realista el que afirma la existencia del mundo exterior y la posibilidad de conocerlo. De hecho, Aristóteles nunca estuvo sentado de negar la existencia del mundo exterior” (37).
En la segunda parte del trabajo, Heidegger se centrará en las lecciones del semestre de verano de 1552, donde como era de esperar va a concentrar toda su potencia intelectual a estudiar la lógica, puesto que el modo de pensar desde hace veinte siglos se ha considerado concentrado en el estudio de la lógica aristotélica de la que es conocedor.
José Carlos Martín de la Hoz
Martin Heidegger, ¿Qué significa pensar?, Trotta, Madrid 2010, 233 pp.