Presentamos el interesante trabajo de Carmen Sanz Ayán, catedrática de Historia Moderna de la Universidad Complutense de Madrid, acerca de uno de los grandes protagonistas de la historia económica del siglo XVII, el banquero genovés Octavio Centurión (1578-1653).
En primer lugar, deseamos advertir al lector que, a pesar de los muchos términos técnicos propios del oficio de banquero de aquel periodo, no debe desanimarse sino continuar hasta familiarizarse con ellos, pues el resultado final de este trabajo es el de un modelo de cómo funcionaba la economía de los grandes banqueros y las finanzas de los monarcas y nobles del siglo XVII.
Son muchas las lecciones de la historia que la profesora Carmen Sanz Ayán logrará desvelar con gran maestría: por ejemplo, al dato de que nuestro banquero genovés habría prestado al rey Felipe III (1578-1621) la inmensa suma de 10 millones de ducados en 1602, es decir lo equivalente al presupuesto completo del monarca durante un año.
A continuación, páginas más adelante nos explicará cómo se producía el reparto de la plata que llegaba a España desde América en el reinado de Felipe IV (1605-1655) y ahora entendemos que ese metal era llevado directamente a Génova con el mayor sigilo para poder pagar esos préstamos y poder seguir recibiendo nuevos asientos con el que gobernar los reinos (94).
Volviendo al esquema del libro, la profesora Carmen Sanz Ayán nos explicará como los banqueros formaban a sus hijos en este interesante y complicado negocio de la banca.
En primer lugar nos dirá, que ellos sabían que no heredarían el negocio por rango de edad sino de conocimientos y de inteligencia (71), pues no era fácil la formación de unos jóvenes “poco inclinados a la virtud” (80). Las muchas posesiones y rentas les hacían muy vulnerables a las pasiones.
Es interesante los diversos pasos desde aprendiz hasta dueño del banco (81) y cómo se selecciona a las personas, tanto por la mortandad, como por las quiebras económicas de los poderosos por inversiones mal calculadas, o las suspensiones de pagos como la de Felipe II en 1575 (66) y el consiguiente saqueo de Amberes de 1576 (70).
Con toda naturalidad aparecerán los pagos de comisiones y los préstamos en precario, los intereses bajos en los cambios y un sistema habitual de créditos de bajo interés que sustituyeron al préstamo usurario y permitió agilizar la economía global del XVI y XVII en Europa (93).
José Carlos Martín de la Hoz
Carmen Sanz Ayán, Un banquero en el Siglo de Oro. Octavio Centurión, el financiero de los Austrias, Esfera de los libros, Barcelona 2015, 333 pp.