VII Certamen de Relato Breve de Villanueva 2021. Tercer premio: Zumo de arándanos. Autor: Victoria Samsó Robert

Zumo de arándanos

Miguel mira a Luis mientras se seca las lágrimas. Luis limpia la barra con un trapo desgastado. Detiene su acción y mira a un pequeño y asustado Miguel, que no le quita el ojo de encima, sale de detrás de la barra y se acerca al pequeño. Con ternura, le pone una mano sobre la cabeza para despeinarlo un poco. Miguel, algo más tranquilo, esboza una pequeña sonrisa.

  • ¡Qué desastre! –bromea Luis – Será mejor que limpiemos todo esto antes de que venga algún cliente.

Miguel mira a Luis con tristeza.

  • Lo siento Luis… No quería manchar tu bar…

Luis rodea la barra y camina hasta Miguel, que se remueve en un taburete.

  • Vamos, vamos… – le tranquiliza Luis mientras le aprieta los hombros – ¡Es lógico manchar un poquito a veces! No te desanimes, te serviré otro zumo de arándanos, ¿es tu favorito verdad?

A Miguel se le ilumina el rostro. Asiente con emoción mientras Luis regresa a su puesto sonriendo.

Deja el trapo sobre la superficie de madera y se mete en la cocina. A los pocos minutos sale con un vaso relleno de zumo rojizo. Miguel lo coge y comienza a beber con ansia.

  • Eh, eh – le regaña Luis – Más despacio hombre que te vas a atragantar.

De repente, Luis escucha un motor que proviene del aparcamiento. Observa como una figura grande camina hacia la entrada del local. Las puertas se abren para descubrir al Agente Olivares, el único policía de la aldea. Luis le saluda con un gesto amable, mientras Miguel no parece querer mirarle.

El niño observa de reojo cómo el agente Olivares toma asiento en el taburete que está a su derecha.

  • ¡Cuánto tiempo Jacinto! – exclama Luis mientras saca una copa – ¿Una cañita?
  • Ojalá, pero… ya sabes – contesta Jacinto mientras se señala la placa.

El agente Olivares centra su atención en Miguel. Se da cuenta de que el niño está nervioso.

  • ¿Tú no eres muy pequeño para pasar la noche en un bar?

Miguel permanece callado. Jacinto saca de su bolsillo un paquete de cigarrillos. Enciende uno de ellos y le da una larga calada.

  • Al final te quedarás sin olfato de tanto fumar –comenta Luis con humor.
  • Para eso tenemos a los perros, Luis - ríe .

Jacinto analiza al pequeño y se percata de quién es. Hace un nuevo intento por hablar con el niño.

  • ¡Pero bueno! ¡Si eres Miguel Martínez! – comenta mientras trata de acercarse a Miguel – ¡Madre mía qué mayor desde la última vez que te vi! Aun recuerdo cuando jugabas en el huerto del señor López y él salía y…

 

  • Luis, ¿puedo ir al baño? – interrumpe el pequeño.

Luis asiente tranquilo y le da una pequeña llave adjunta a un pedazo de madera. Miguel alcanza a cogerla y camina hacia el lavabo.

Durante su ausencia, Jacinto aprovecha para hablar con Luis.

  • Es el hijo de Alonso, ¿cierto? – comenta Jacinto mientras Luis asiente – Pobre chaval… Los rumores vuelan por las calles de este pueblucho.
  • No digas eso, hombre… – contesta algo molesto Luis.
  • ¿Qué clase de padre pega a un hijo? – prosigue Jacinto, cada vez más apenado.

La puerta del baño se abre y Miguel camina mientras se seca las manos en su jersey. Vuelve a recolocarse en su asiento.

  • Oye, Miguel, ¿quieres que te acerque a casa? Se está haciendo algo tarde… Miguel mira preocupado a un imperturbable Luis.
  • No te preocupes, Jacinto – interrumpe Luis – El chico insistió en ayudarme a limpiar.

Jacinto mira inquisitivo a Miguel, quien rápidamente asiente, baja de su taburete y camina hacia el

otro lado de la barra. Miguel se esconde tras la barra.

  • Al pobre se le derramó el zumo de arándanos hace un rato.

Jacinto se levanta de su asiento, apaga el cigarro ya consumido y vuelve a meter el tabaco en su bolsillo.

  • Hay que tener cuidado, Miguel. Las manchas de ese tipo son difíciles de quitar – contesta amigablemente Jacinto.

El agente Olivares se dispone a salir del lugar.

  • Deberías dejar de fumar, Jacinto – vuelve a insistir.
  • ¿Otra vez con eso?” – contesta el policía deteniéndose – No me sermonees más, Luis. Para eso, ya tengo a mi mujer.

Luis está tranquilo. Se agacha para alcanzar un grupo de vasos. A su lado, una mano inerte. Miguel mira el cadáver de su padre rodeado de cajas y cubertería. Traga saliva. Luis coloca los vasos en fila sobre la barra.

  • Miguel – dice Jacinto llamando la atención del pequeño – ten paciencia con tu padre... Eres su hijo y te quiere mucho.
  • Lo sé, señor. Ya hemos solucionado todo – dice Miguel sonriendo tímidamente.

Jacinto le dedica un último vistazo a Luis. Sale del local, entra en su coche y, tras intentar arrancar dos veces, se marcha perdiéndose en la noche.

 

Victoria Samsó Robert  

3º Comunicación Audiovisual