Vitoria: un maestro universitario

 

Desde 1526, año en que toma posesión Francisco de Vitoria (1483-1546) como catedrático de Prima de la Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca, empieza propiamente dicha, la Escuela de Salamanca, es decir una pléyade de verdaderos maestros del quehacer teológico que no solo impartían teología, sino que enseñaban teología; abrían camino al pensamiento, buscaban soluciones antropológicas a los problemas de su tiempo y lograron transformar el humanismo renacentista en humanismo cristiano.

Lógicamente, se es un gran Maestro cuando se procura vivir lo que se predica y se enseña, pues para poder hablar del santo hay que hacerlo santamente desde la coherencia de fe y vida. Así se expresaba santo Tomás en el comienzo de la Suma Contra Gentiles: “Soy consciente de que el principal deber de mi vida para con Dios es esforzarme porque mi palabra y todos mis sentidos hable de Él” (CG I, 2.).

Un maestro universitario es aquél que ha logrado sintetizar el pensamiento anterior a él y ensartarlo en las líneas de fuerza del humanismo que se trasmite de generación en generación enriquecido por la sabiduría humana y las inspiraciones del Espíritu Santo que abre horizontes y guía los espíritus (108).

Inmediatamente, hemos de referirnos al amor a la verdad como fundamento de la substancia del pensamiento y, esta, aparece claramente en las Relecciones teológicas de Francisco de Vitoria y en sus comentarios a la Suma Teológica y por supuesto en sus dictámenes jurídicos y teológicos: la dignidad de la persona fue la verdad natural y sobrenatural que aparecerá a lo largo de su vida y de su obra. En ese sentido, esta verdad honda aparecerá unida a la libertad, pues como afirmará Juan Pablo II en la Encíclica “Veritatis splendor” (6.VIII.1993): “la verdad es realmente conformadora de la libertad (n. 34).

Ciertamente, Vitoria pasará la mayor parte de su tiempo enseñando, escribiendo dictámenes, entretenido en diálogo con los alumnos, pues ser maestro consiste más en ayudar a pensar, a profundizar en las cuestiones y en ayudar a penetrar en la especulación que simplemente hacer resúmenes sobre ella. En ese sentido Vitoria se parecerá mucho a Santo Tomás que dedicó gran parte de su vida académica a la enseñanza y a la Suma Teológica que a otros tratados (110).

Uno de los mayores logros de Francisco de Vitoria fue haber creado un método teológico propio que ensayaría a lo largo de su vida y trasmitiría a sus discípulos: los lugares teológicos. De esa manera, aunque fue Melchor Cano (1509-1560) quien los sistematizaría y publicaría, póstumamente en 1563, quien abrió el camino y actuaba de acuerdo con ellos fue Vitoria (Cfr. BAC, Madrid 2008). Es interesante descubrir la riqueza de sabiduría que encierra el número y variedad de las citas que hace tanto de los clásicos, como de la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica, el magisterio de la Iglesia, los grandes teólogos, el mundo del derecho y de los principios antropológicos,

José Carlos Martín de la Hoz

Pieper, J (2026,), Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones, Rialp, 182 pp.