Así que Usted comprenderá

Magris da cuenta en esta recreación del mito de Eurídice, de un trágico amor total en el que resuenan ecos de su autobiografía. Mito, fabulación y experiencia personal concentrados en un relato tan hermoso como magistral. Lo que hay de pragmático y de ideal en la relación amorosa humana queda reflejado con humor y ternura.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2007
72
978-84-339-7455-6

Traducción de José Ángel González Sainz

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Comentarios

Imagen de acabrero

Verdaderamente decepcionante. Mi idea de Magris era de un intelectual cristiano, con amplitud de miras y crítico. En este libro manifiesta una falta total de fe en las verdades escatológicas cristianas, una especie de retroceso hasta las posiciones tremendamente tristes que tenían los griegos en la antigüedad. Los muertos van a una especie de Hades, triste, oscuro, incómodo. Y ya está, no hay más; ni juicio, ni la maravilla de ver a Dios, ni nada. Y claro, en ese planteamiento sin trascendencia, lo único que vale es lo carnal, el placer… En fin, totalmente deprimente. Tenía yo otra idea de este autor.

Imagen de Rubito

El relato en sí mismo, no es capaz de hacer ver esa discutible realidad, pues es una cháchara que, entre lo paródico, lo naturalístico – ya que la nueva Eurídice, sin llegar a la pornografía, no deja de ser indiscreta y procaz en sus intimidades amatorias – lo metaliterario y lo trascendente no llegan a convencer, interesar ni siquiera entrever el poder literario de las obras a que antaño nos tenía acostumbrado el autor triestino.
( de Ángel García Prieto.)

Imagen de JJiménez

He retomado la reflexión sobre este libro, y quiero matizar nuevos aspectos de esta obra sobre los que, en mi anterior comentario, había pasado de puntillas. El principal protagonista de este monólogo, curiosamente, no es Eurídice, a modo de alter ego de Marisa Madieri, la mujer de Orfeo/Magris. El gran protagonista de esta historia es el locus donde transcurre, la Casa de Reposo, la que yo había denominado ramplonamente "infierno". Si nos situamos correctamente, el humus poético, la inspiración de esta obra de Magris, es el mito griego conocido por todos, donde el protagonista, Orfeo anhelante y desgarrado por la pérdida de su amada, Eurídice, decide "bajar a los infiernos" en su busca para rescatarla. Pero para un griego el infierno, el Hades, no deja de ser el destino de todos los mortales. El "cielo" de los griegos, el Olimpo, no deja de ser el lugar destinado únicamente a los dioses, y en algún caso, a los semidioses y héroes hijos de dioses. La Casa de Reposo de nuestra historia aparece dotada entonces, por su inspiración griega, de unas carcaterísticas que la describen como un lugar "obscuro", "antro de tinieblas", lleno de "ciénagas" y "precipicios", donde "la Administración deja amontonadas por todas partes una costra de brasas". Aunque la Casa es "enorme, no es infinita"; eso sí, es "inmensa y sus pasillos escaleras galerías sótanos dependencias buhardillas parecen no tener nunca fin". La Casa es el "reino del insomnio", no se permite dormir. Es más, en la Casa reina "un severo reglamento". Todo aparece gobernado por el Presidente, quien es el "Presidente de la Fundación que se hace cargo de la Casa". Este personaje, el Usted al que Eurídice se dirige con respeto, formalidad y un cierto tinte de miedo, encarna perfectamente los atributos de Plutón, el dios griego del inframudo. Este Presidente plutoniano escenifica a las mil maravillas el hermetismo y el silencio axfisiante de la burocracia en una sociedad deshumanizada como la nuestra. El locus del infierno es ese protagonista pegagoso y latente en toda esta historia, de tal manera que, al coparlo todo, nos teledirigue irremediablemente a la desesperación más absoluta: no hay salida, no hay esperanza, sólo silencio, orden, soledad y despersonalización. ¿Dónde está el cielo? ¿Está prohibido al hombre? ¿Acaso no hay salvación? Qué lejos esta Casa de Reposo (subrayemos la ironía, quizá el cinismo del autor, con la palabra reposo asociada a tal lugar inhabitable) de la promesa de salvación para el hombre que trajo el Novum cristiano. Tengo, por tanto, que reconsiderar mi calificación de esta obra de Magris, aunque sigo recomendando leer otros magníficos libros de él. Lo cortés no quita lo valiente.

Imagen de Ran

Obra enigmática de Magris. ¿Se trata este monólogo de una alegoría fruto de la pérdida de su mujer? Evidentemente no es el Magris de “El Danubio” y “Microcosmos”

Nos presenta el sufrimiento de una perdida y una meditación del más allá, que resuelve de modo pobre y falto de toda esperanza: el más allá es como nuestro mundo nada más que más impersonal: en soledad, penumbra y en silencio.

Aunque presenta un amor de entrega por parte de la protagonista: ella le ha ayudado a ser hombre como él la ha hecho mujer, las más de las veces la referencia al amor vivido entre los enamorados venga teñido del aspecto sexual, sin apenas trascenderlo.

El más allá que plantea (la Casa de Reposo), que describe la amada, es un lugar lúgubre donde ni siquiera se conoce a Dios, donde como si se adormeciera el amor, y no se da respuesta a las preguntas trascendentales que todo hombre se plantea y, de un modo u otro, resuelve.

Magris es explícito, la amada, a quien se da la posibilidad de retornar del más allá, no quiere volver porque no tiene nada que aportar: no tiene respuestas para lo trascendente. Su vuelta le supondría revivir todas las rutinas de la vida carentes de brillo y gris; ni siquiera el amor, que tal como se ha planteado a lo largo de la obra resulta determinante para el retorno.

Por lo demás, la obra está bien conformada; el monólogo mantiene la atención sin decaer; la prosa es suelta; y el léxico, rico. En definitiva, una obra bien montada, a la que no acompaña su contenido.

Imagen de JJiménez

La pérdida del otro, de aquél con el que has compartido comunidad de vida y amor, nos hunde en un profundo dolor; a algunos en el silencio, en una reverencial contemplación del misterio del hombre y de Dios; a otros en un desgarro que se convierte en rebelión contra el enigma y la pregunta siempre abierta al hombre. De estos últimos es testigo fiel el escritor C.S. Lewis que, en su soberbio "Una pena en observación", nos da cuenta de su interpelación brutal a Dios por la pérdida de su mujer. Otro es el caso de Magris, que con este monólogo, buceando en el mito de Orfeo, nos hace ponernos en la piel de la que se ha ido, de la que ya marchó, de Eurídice, que desde el otro lado mira con ojos de compasión y misericordia la soledad y miseria de su amado que hasta es capaz de bajar al infierno con tal de recuperar a su amor.