Bueno, me largo

En un momento de crisis Hape Kerkeling, cómico y presentador de la televisión alemana, decide hacer el Camino de Santiago. Se define a sí mismo como un budista con formación cristiana y desea realizar su búsqueda espiritual. Anota en su diario: "Hans Peter Kerkeling, 36 años, sagitario, alemán, artista, fumador, comico, autor..." (luego añadirá que es gay). Y concluye: "Ni siquiera sé muy bien quién soy ¿cómo voy a saber quién es Dios?". Simpático y sintético -dos grandes cualidades en un escritor-, del diario de la peregrinación de Kerkerling se han vendido millones de ejemplares en Alemania. Contiene algunos pasajes autobigráficos, y lleva como subtítulo: "Camino de Santiago, el camino más importante de mi vida".

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
414
978-84-8365-097

Edición española de 2009

2016
416
978-84-663-3292

Colección: Best Seller

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El Camino, tal como nos lo cuenta Kerkeling, son figuras moviéndose por un paisaje del norte de España. ¿Qué les lleva a Compostela? Para unos son unas vacaciones baratas, a otros les mueve la curiosidad o el afán de mantenerse físicamente en forma; unos buscan la soledad -el autor lo recomienda- y otros realizan una excursión colectiva. Los hay que siguen el Camino como penitencia -como la benedictina que ha sido enviada por su superiora a peregrinar- mientras que otros buscan pareja o sexo. Hay caminantes profesionales, pedigueños y alcohólicos.

Quienes han sido enganchados por el Camino puede que lo estén realizando por segunda o tercera vez. Hay quien necesita estar en perpetuo movimiento -como Anne de Liverpool, que ya ha visitado Roma, el Tibet o Machu Pichu-. Otros -como la neocelandesa Sheelag- desean cerrar una etapa en sus vidas y Finisterre es un lugar remoto y místico para enterrar los recuerdos. Los hay que desean comulgar con la naturaleza, hacer un viaje espiritual o probarse a si mismos. Muchos han leído los relatos de Shirley McLane o de Pablo Coelho. "Para ponerse en Camino hay que estar un poco loco" -escribe el autor-, pero encontrará locos de verdad, como el peruano Ruco Urco o Rita de Utrecht.

¿Cómo buscar a Dios en el Camino? Hay que tener la mente abierta, estar atento a las señales y aprender las lecciones que nos serán de utilidad más adelante. Y confiar en el espíritu del Universo. A Kerkeling, que se dedica al espectáculo, le ha sido extirpada la vesícula y ha perdido el oído transitoriamente. Tiene la opción de tumbarse en su sofá de Düsseldorf, furioso y autocompasivo, o echarse a andar. Opta por lo segundo y descubre que necesita tener más paciencia y eliminar los pensamientos negativos.

En el Camino está Dios, pero también el diablo en forma de sexo, competividad o rechazo. "Lo importante -concluye- es cómo te has portado con los demás, a veces en cosas mínimas"; y añade: "También con los animales". Se muestra indignado por la cantidad de perros abandonados que encuentra en el campo, a veces atados a un poste sin agua ni comida. "¿Hay algún cristiano en esta casa?" -brama a la puerta de un chalet donde ve atado a un sambernardo achicharrándose al sol-. El dueño sale avergonzado, suelta al animal y éste se limita a colocarse a la sombra.