Confesiones de un inglés comedor de opio

Thomas De Quincey (1785-1859) nació en Inglaterra. Alcanzó celebridad con las Confesiones de un inglés comedor de opio, en las que relata su juventud accidentada y su posterior adicción a esa sustancia que sufriría el resto de su vida.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2001
437
2013
128
978-84-306-0727

Colección: Great Ideas

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El autor pasa por ser uno de los mejores prosistas en lengua inglesa y el "Comedor de opio" es su obra más conocida. Nacido a finales del siglo XVIII, desde su infancia estuvo en manos de tutores que le internaron para que realizara sus estudios. Destacó en literatura y su gran satisfacción era dominar el griego clásico. No obstante tenía un defecto físico, era jorobado y corto de estatura, lo que le llevó por compensación a desarrollar un orgullo desmedido. Despreciaba a sus profesores y creía que la Universidad de Oxford no iba a aportarle nada.

Decidió evadirse del internado. Sabiendo que no podía acudir a su familia se dedicó a vagabundear por Inglaterra y Gales. Dormía en fondas mientras le duró el dinero y después al aire libre. Convencido de que Londres representaba su gran oportunidad se desplaza a la Metrópoli desde donde se pone en contacto con sus tutores y posiblemente también con su madre. Estos le invitan a volver al internado. Será la última ocasión en la que acuda a ellos. Se hospeda en un viejo y frío caseron, despacho de un abogado. Su única obligación es llevarle el desayuno al leguleyo a media mañana. El día en que a su patrón le sobra algo del almuerzo ese día a Thomas le toca comer, pero lo más frecuente es que no tome en todo el día más que un taza de té. De noche, para dormir, se abraza a una niña que también utiliza el mismo refugio, pero sus dientes castañetean por el frío y el sueño se aleja.

A pesar de su incapacidad para ganarse la vida De Quincey llegó a contraer matrimonio. La pareja vivió en el campo, miserablemente, y tuvieron varios hijos. Ahora toda su vida gira alrededor del opio al que se ha hecho adicto. Lo toma en su forma medicinal que recibe el nombre de laúdano. La extraña expresión "comedor de opio" la utiliza para distinguirse de los fumadores de esa sustancia. Se justifica por usarlo pero al mismo tiempo presume de su fuerza de voluntad cada vez que consigue alejarse de él por un periodo de tiempo.

Las Confesiones alcanzaron un gran éxito, como se ha dicho, por la calidad de su prosa inglesa (que se pierde en la traducción), pero también por el debate público que suscitaba el consumo del opio. El inglés es escasamente imaginativo y le fascina todo lo raro; en ese sentido De Quincey reúne todo lo raro que el carácter inglés y un orgullo exagerado pueden llegar a suscitar en una persona. Las Confesiones son egocéntricas, autocompasivas y repetitivas hasta el aburrimiento. Si su mejor virtud es la prosa inglesa posiblemente sólo valga la pena leerlas en esa lengua. La presente edición reúne dos relatos del autor sobre la misma materia. El primero de 1821, que se editó en revista y alcanzó un gran eco, y una edición ampliada de 1856.