El alma está en el cerebro

Eduard Punset dirige un programa de televisión denominado Redes. En él entrevista a neurólogos y otros científicos para contestar a la siguiente pregunta: ¿Explica el cerebro humano todo lo que hay en el hombre, desde el delito hasta el arte o la búsqueda de la felicidad? La respuesta del autor es afirmativa y lo explica ayudándose de fragmentos de las entrevistas realizadas.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
420

Subtítulo: Radiografía de la máquina de pensar.

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Eduard Punset siente una gran curiosidad por lo nuevo y desconocido, sobre todo por lo que se refiere al hombre y a su cerebro. En su programa de televisión ha entrevistado a biólogos, neurólogos, sociólogos, etc. para preguntarles por el sistema nervioso como base del comportamiento humano. Estas entrevistas, más o menos articuladas, constituyen el libro "El alma está en el cerebro". Hoy se va sabiendo más sobre el cerebro, se sabe que el "hipocampo" reúne la información, el neocortex o corteza cerebral la almacena y que el sistema límbico o "almendra" activa las reacciones del sujeto frente a los distintos estímulos; sabemos, por último, que existen partes "primitivas" del sistema nervioso que controlan los movimientos automáticos del cuerpo. Sin embargo el título del libro es equívoco. El alma tiene dos significados, el primero de ellos es biológico y se refiere al principio de animación de los seres vivos; así hablamos de un alma vegetal, que anima a las plantas o de movimientos vegetativos en los animales. También hablamos del alma animal, que corresponde a los animales y también al hombre, y que opera a través de los instintos. Por último el alma racional, propia de la especie humana, cuya característica es relacionar información para obtener conclusiones a partir de las cuales actuar. El alma animal se mueve por el principio de necesidad y el alma racional por el principio de libertad. El segundo significado de alma es el de una sustancia espiritual y subsistente que, unida al cuerpo, conformaría al ser humano. A esta sustancia se han imputado tradicionalmente las operaciones espirituales del hombre, tales como pensar o querer. La existencia de un alma espiritual es necesaria para afirmar la inmortalidad del hombre, ya que el cuerpo está sujeto a descomposición y desaparece. Lo que tratan de saber Punset y los neurólogos es si el cerebro por sí mismo es capaz de explicar las operaciones racionales y libres del hombre; si el amor, la ira o la felicidad se pueden explicar exclusivamente en base a la existencia de ese órgano complejo sin necesidad de acudir a un principio de animación de naturaleza espiritual. Posiblemente la respuesta sea positiva y así lo afirma el autor. Sabemos que determinadas partes del cerebro están ligadas a la conciencia moral, especialmente el córtex frontal, y que una persona que lo tenga dañado puede cometer un crimen sin inmutarse. También sabemos que otras áreas del cerebro están relacionadas con las distintas áreas del conocimiento, de la voluntad o las emociones. Sin embargo nada de esto excluye la existencia de un alma espiritual, aunque pueda modificar lo que hasta ahora considerábamos como "potencias del alma": inteligencia, memoria y voluntad y la base sobre la cual operan. El libro es confuso y escasamente interesante tal como está planteado, aunque, desde mi punto de vista, no haya porqué rechazar la tesis principal que sustenta el autor: el principio de operaciones del alma racional está en el cerebro. No creo que a Santo Tomás de Aquino esto le hubiera sorprendido demasiado, ni al viejo Aristóteles si la ciencia en aquella época hubiera podido proporcionarles los datos.