El balcón en invierno

Asomado al balcón, debatiéndose entre la vida que bulle en la calle y la novela que ha empezado a escribir pero que no le satisface, el escritor se ve asaltado por el recuerdo de una conversación que tuvo lugar cincuenta años antes, en otro balcón, con su madre. «Yo tenía dieciséis años, y mi madre cuarenta y siete. Mi padre, con cincuenta, había muerto en mayo, y ahora se abría ante nosotros un futuro incierto pero también prometedor.». Este libro es la narración emocionante de una infancia en una familia de labradores en Alburquerque (Extremadura), y una adolescencia en el madrileño barrio de la Prosperidad. Es también el relato, a veces de una implacable sinceridad, otras chusco y humorístico, de por qué oscuros designios del azar un chico de una familia donde apenas había un libro logra encontrarse con la literatura y ser escritor. Y de sus vicisitudes laborales en comercios, talleres y oficinas, mientras estudia en academias nocturnas, empeñado en ser un hombre de provecho. Pero dispuesto a tirarlo todo por la borda para ser guitarrista, y vivir como artista. Y en ese universo familiar de los descendientes de hojalateros, surge un divertidísimo e inagotable caudal de historias y anécdotas en el que se reconoce la historia reciente.

 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2014
248
978-84-8383-929
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
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Imagen de José Ignacio Peláez Albendea

Calificada por El Cultural, novela del año de 2014, ha sido reeditada repetidas veces (en mis manos, la 7ª edición).

Luis Landero, profesor de literatura, hacía tiempo que no alcanzaba la cima de su primera novela "Juegos de la edad tardía", con la que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el de la Crítica en 1990. Después han seguido siete novelas y un par de ensayos y una colección de relatos, que, en mi opinión, no respondieron a las espectativas. Esta última entrega, vuelve a brillar a alto nivel, con un relato autobiográfico familiar. En el haber de esta novela de 245 páginas publicada por Tusquets, están la facilidad y amabilidad de la escritura y su belleza: destacan las descripciones del campo extremeño y de las tareas agricolas, la vida en los pueblos en los años cincuenta y sesenta, y la emigración a la ciudad... Destaca también el personaje de la madre, con su fortaleza para integrar a una familia que sufre los avatares del tiempo y de la vida. En su contra, esa tristeza melancólica del autor, que cansa un poco, por repetida en sus anteriores novelas, un poco egocéntrica y estéril, con el tributo a lo políticamente correcto de la crítica a los curas y la religión, si bien poco reiterada, que contrasta con la frase más repetida de la madre: "que sea lo que Dios quiera".

Con esta novela, Landero, el que despertó interés, ha vuelto.