Una novela autobiográfica en la que la autora trata de comprender su relación con la muerte y la familia a través del análisis de dos sucesos: el asesinato de su abuelo a manos de ETA y el fallecimiento de su madre. La muerte es un acontecimiento de primer orden. Cuando la parca se lleva a un ser querido heredamos lo que quedó sin resolver, y el dolor, o la liberación, que acarrea el deceso se extiende en el tiempo hasta que el vivo asume no sólo la desaparición del otro, sino también parte de la suya propia en la medida en que estamos hechos de retazos de los demás. En esta novela autobiográfica Gabriela Ybarra trata de comprender su relación con la muerte y la familia a través del análisis de dos sucesos: el asesinato de su abuelo en 1977 a manos de ETA y el fallecimiento de su madre en 2011 por un cáncer. Así, la primera parte de El comensal es una reconstrucción libre (por tanto, no esconde la parte de ficción de toda memoria) del secuestro y posterior asesinato del empresario español Javier de Ybarra, quien también fue alcalde de Bilbao y presidente de la Diputación de Vizcaya durante el régimen franquista. Aunque esta muerte ha sacudido a todo el clan familiar (los padres de la protagonista tienen que abandonar el País Vasco y convivir con un escolta), no es hasta que la madre de la narradora enferma fatalmente que los duelos no hechos y las herencias políticas no asumidas (a veces por ignorancia) estallan. El comensal es una novela importante por dos cosas: la narración de un conflicto histórico desde un lugar personal procurando la huida del victimismo y el reconocimiento de la importancia que tiene el hacer visible la muerte para asumirla. Acostumbrados como estamos a que los procesos de deterioro y fin de la vida se escondan, la novela sorprenderá por lo que tiene de reconciliación con la enfermedad, que aquí es relatada con luminosidad y sin puritanismo ni autocompasión.
| Edición | Editorial | Páginas | ISBN | Observaciones |
|---|---|---|---|---|
| 2015 | Caballo de Troya |
176 |
978-84-15451-55 |
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La familia Ybarra está
La familia Ybarra está estrechamente ligada a la historia de Vizcaya y de Euzkadi. El abuelo de la autora, Javier Ybarra, fue político en los años 40 y 50 del siglo pasado, y en 1977 fue secuestrado y asesinado por ETA. A consecuencia de este hecho, su hijo y parte de su familia se vieron obligados a moverse con escolta y a alejarse del país vasco. Casi cuarenta años más tarde, la madre de Gabriela enfermó de cáncer y murió al cabo de seis meses. La autora combina ambos sucesos en su historia novelada, en la que se toma algunas licencias para dar mayor fluidez a su narración, que trata, evidentemente, de la muerte.
El título del libro hace relación a una costumbre familiar: poner un cubierto de más a la mesa, que se queda vacío en memoria de los fallecidos.
La narración intimista impresiona desde la primera hasta la última página. No es de extrañar por tanto que haya sido propuesta para numerosos premios, y que haya recibido algunos. Junto al valor histórico del hecho delictivo, que no fue el único que sufrió la familia Ybarra, destacaría el proceso interior que recorren la autora y su madre a lo largo de la enfermedad de ésta. Como se comenta en otra reseña, faltan referencias religiosas explícitas en el libro. Para explicar este hecho habría que conocer algo más a la autora, de la que existen pocas informaciones en la red. En cualquier caso, los valores humanos del libro son notables
Novela autobiográfica a
Novela autobiográfica a través de recuerdos para comprender la relación entre la muerte y la familia, centrándose en dos sucesos: la muerte del abuelo Javier de Ybarra asesinado por ETA en 1977, y la muerte de la madre de la autora a causa de un cáncer en 2011.
Por una pare aparece el ambiente opresor creado por los terroristas en una familia adinerada y representativa de Negury, en Vizcaya. Y de otra parte la vivencia subjetiva de Gabriela sobre ambas muertes, bien distintas, que gravitan sobre la autora durante años, primero como niña y luego como mujer bastante independiente.
Más que una novela es una reflexión intimista y algo enrocada sobre las propias vivencias, con cierto tono minimalista y cierta frialdad. Tiene de positivo la serenidad y ausencia de victimismo o de autocompasión; aunque también por esto puede resultar algo distante. Llama la atención la ausencia de una reflexión más religiosa ante sucesos tan importantes, que contrasta con la profunda fe del abuelo y gran señor Ybarra.