El hijo de la Sra. Glenn

Madura y atractiva, Catherine Glenn ha perdido a su hijo en la guerra y acaba de quedarse viuda. Ahora únicamente un secreto anima y da sentido a su vida: antes de contraer matrimonio tuvo otro hijo, Stephen, al que se vio obligada a entregar en adopción. Encontrarlo y recuperarlo se ha convertido en su único objetivo y para ello decide viajar a Europa, siguiendo una pista que la lleva hacia España e Italia.

Aunque la tarea a priori parezca imposible, a la Sra. Glenn le sonríe la suerte y logra su objetivo. Stephen es ahora un pintor de salud delicada, que vive con un excéntrico matrimonio, los Brown, quienes no pasan por su mejor momento económico. Cahterine decide ayudarlos para recuperar el cariño de Stephen. A partir de ese momento se verá inmersa en un misterio que parece incapaz de desentrañar.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2013
136
9788494094019
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3
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Imagen de Azafrán

Edith Wharton (1862-19379) nació en una familia rica y se casó con un banquero. Perteneció a la alta sociedad neoyorquina aunque viajó frecuentemente a Europa y vivió en Francia donde poseía dos mansiones. Fue considerada como una mujer muy influyente en la sociedad para la que escribió numerosas publicaciones  sobre el arte de decorar las mansiones o el arte de recibir. También aconsejaba en cuanto al arreglo personal o a la organización de los jardines privados.

Sus novelas resultaron novedosas en un mundo de autores hombres porque describe muy bien las reacciones femeninas, las razones del corazón de la mujer, más poderosas que las circunstancias que la rodeaban: novela psicológica femenina.

Edith Wharton se convierte en la primera novelista que describe los vicios que corroen la alta sociedad de apariencias puritanas constreñida por los usos y comportamientos sociales muy estrictos; indica al lector que la trasgresión de esas normas de buena conducta suele llevar como consecuencia la vergüenza y el rechazo social, como en su obra La edad de la inocencia (1920), novela por la que recibió el Pulitzer en 1921.

Colaboró con la resistencia francesa en la Primera Guerra Mundial y por ello recibió la condecoración de la cruz de la Legión de Honor del gobierno francés.

En Francia coincidió con autores americanos pertenecientes a la llamada Generación Perdida: Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald.

Henry James, otro escritor norteamericano nacionalizado en Inglaterra con el que coincidió en Europa, describe también la alta sociedad neoyorquina pero de una manera más objetiva, desde fuera de los personajes.

Sin embargo, los conflictos de las tramas de Edith Wharton, se desarrollan en el sentido del sentimiento humano y de las relaciones hombre-mujer. En concreto, en El hijo de la señora Glenn (1934), Edith Wharton elabora la trama sobre la angustia y el sentido de culpa que padece una mujer durante toda su vida por haber abandonado un hijo habido en su juventud al tratar de evitar los consecuencias sociales de la maternidad en soltería.

Bien es cierto que no podemos hacernos una idea ni siquiera aproximada de lo que a comienzos del siglo XX significaba para una mujer esa circunstancia; sí tenemos constancia por la literatura de la exclusión social y de la vergüenza familiar que tal circunstancia conllevaba.

El amante entonces, después el esposo, una vez que la protagonista del relato dio a luz a un niño, se encargó de buscar una familia que pudiese criarlo lejos de su ciudad. Encontró una joven pareja deseosa de tener un hijo y de viajar a Europa y fue esa pareja la elegida para mantener a salvo la honra de su amada.

La angustia de la madre que había abandonado a su hijo recién nacido en manos desconocidas aumenta con el paso de los años. La soledad tras las muertes del marido y de otro hijo habido en el matrimonio, contribuyen a que la protagonista decida dar un rumbo diferente a su vida. Entonces, la ya anciana madre, decide gastar toda su fortuna en la búsqueda de aquel otro hijo de su juventud. En esa búsqueda desesperada encontrará gente dispuesta a aprovecharse de su desesperación y de su soledad.

La novela está construida como un relato en tercera persona de un personaje caracterizado como “cónsul de los Estados Unidos en Francia”. Un hombre que había conocido al hijo de la señora Glenn y que se siente inclinado a ayudarla por pertenecer a la misma clase social, por razones de amistad y por razones de oficio. El lector sabe del devenir de la señora Glenn en Europa a medida de que el narrador conoce los hechos que le acontecen en la búsqueda de su hijo. Y será el “cónsul” quien la ayudará a lo largo de toda la historia y sobre todo en la etapa final.