El Maestro de Almas

Niza, 1920. Un joven médico muy pobre, cuya mujer acaba de dar a luz un niño, desesperado por la falta de dinero para mantenerlos acude a su casera, a la que ya debe varias mensualidades, en demanda de un préstamo que no sabe cómo podrá devolver. Ésta, emigrante de origen ruso igual que él, le propone pagarle una buena cantidad si practica un aborto a su nuera. A partir de ahí se narra el progresivo envilecimiento profesional y moral del protagonista, quien busca el enriquecimiento a toda costa. Convencido de que su destino es ser un charlatán y un sinvergüenza, lo acepta y vivirá como tal.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2009
224
978-84-9838-209-9
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.222224
Average: 3.2 (9 votes)
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Imagen de acabrero

Con tantas y tan cualificadas reseñas sobre este libro, no voy a entretenerme demasiado pues lo más importante está dicho. Mi impresión es que estamos ante otra de las típicas de Némirovsky donde predomina la tensión del emigrante que quiere situarse cuanto antes en el país que le acoge. Una vez más el afán desmedido por la riqueza y la posición social, llevados, en este caso, hasta el extremo. Novela ácida, dura, donde predomina la maldad, el utilitarismo puro y duro. Todo vale con tal de situarse. Y una vez más el contraste de una mujer católica, la mujer de Wardes, que se queda al margen de esas vidas depravadas. Aún en esos casos, la autora deja un esbozo de ironía, como si no fuera posible creer que pueda haber alguien realmente bueno. Una vez más Némirovsky no defrauda y la novela, aun siendo dura, es amena y hace pensar.

Imagen de Azafrán

Darío Asfar, médico natural de Crimea, de rasgos orientales (meteco), intenta ejercer la medicina en Niza. Su mujer, Clara acaba de dar a luz a segundo hijo. El primero había muerto de inanición.
Pero en la sociedad francesa, Darío sólo encuentra rechazo debido a su apellido y a su apariencia física. Se ve así forzado a realizar malas prácticas (prácticas abortivas, facilitar drogas, etc.) como medio para sobrevivir. En Niza conoce a un hombre de negocios, esclavo del juego y del sexo, hipocondríaco, que no puede dormir por las noches: el señor Wardes. La señora Wardes será, para Darío, la representación de la belleza y la bondad de Francia y ejercerá una atracción muy particular con su benevolencia. También una resultará ser una ayuda en París, a donde ambos matrimonios se trasladarán por diferentes motivos.
El señor Wardes se divorcia de su mujer para vivir con su amante Elinor (aquella a la que Darío ya había practicado un aborto). Elinor ayudará a Darío enviándole clientes de la alta burguesía, a comisión. Elinor envíará a su esposo, el señor Wardes, que padecía graves crisis ambivalentes de euforia y depresión. Así Darío comenzará a ejercer un tipo de tratamiento psicológico particular al que denomina “sublimación del yo”.
Sus pacientes se sentirán mejor tras conseguir mediante numerosas sesiones de tratamiento bien pagadas, liberarse del sentimiento de culpa por sus errores y pecados. Darío se convertirá en el “maestro de almas”.
Pronto su situación económica mejorará notablemente. Podrá adquirir una vivienda muy digna y un palacete en Niza. El palacete en el que vivió el matrimonio Wardes, en el que conoció a la señora Wardes, Sylvie.
Pero Clara, la esposa del “médico de almas” cada vez está más débil. Y él, Darío, por las noches abandona el lecho conyugal para caer en brazos de amantes que le exigen pagos millonarios. Su situación económica sigue siendo precaria, ahora por sus vicios sexuales, a pesar de los grandes ingresos de su práctica médica.
Daniel, el hijo de Clara y Darío, ya es casi un hombre. Siente repulsa por su padre. Además empieza a oír comentarios a cerca de las malas prácticas médicas y observa las salidas nocturnas de Darío, su padre.
Elinor acude a Darío y le pide que declare incapacitado a su esposo, el Sr. Wardes. Los vicios y la situación próxima a la locura de su esposo ponen en peligro las empresas y el bienestar económico. Así lo hace Darío y Wardes es apartado de la dirección de la empresa. La empresa mejora y la salud de Wardes también.
Pero Daniel y Clara exigen a Darío que rehabilite a Wardes porque no está claro que realmente esté loco.
Darío accede por amor a su familia. Wardes, hipocondríaco y maniático no consigue vivir sin obedecer las indicaciones de su “maestro de almas”. Así acude el tratamiento, a las sesiones a su clínica.
Darío le aconseja que viaje a Suiza a un hotelito a pasar el verano y le asegura que irá a recogerlo al final de la estación estival.
Pero no va en su busca. Lo abandona y Wardes termina cometiendo suicidio.
Clara poco a poco se apaga. Daniel se enamora de la hija de Sylvie y de Wardes. Clara fallece causando un inmenso dolor a su hijo Daniel y a Darío quien, pese a todo, la ama profundamente.
Tras la muerte de Clara, Darío se casa con Elinor, rica y sin hijos, con la previa condición de testar a favor de Daniel. Daniel desprecia a su padre y no acude a la boda.
Irène Némirovsky cala profundamente en la condición del ser humano, tanto o más que lo que el propio “médico de almas” podría hacer. Disecciona la psicología del hombre y de la mujer. ¿Cuáles son los motores, los motivos principales? El dinero, la posición social, y el amor para unos o la vida sexual y el amor para los otros. ¿Cómo conseguir el dinero, el ascenso social y un cierto éxito en el campo de los afectos, o de las relaciones sexuales? Eso es precisamente lo que diferencia al ser humano; lo que lo sitúa en diferentes grupos. El grupo de los que respetan una cierta ética profesional y personal y el grupo de los que utilizan “todo vale” para alcanzar sus objetivos.
Daniel es el alma joven, los ojos limpios que se abren a la vida. Ve el triunfo de su padre, el doctor Darío y lo disfruta. Sin embargo, no puede dejar de rechazar los métodos con los que su padre ha conseguido su triunfo: prácticas ilegales o de dudosa calificación moral (abortos –en su época ilegales-, declaración de invalidez por locura, relaciones sexuales fuera del matrimonio…). Y el rechazo de esas conductas, le llevan al rechazo de la persona de su padre. El joven, incapaz de doblez, juzga la moralidad de la conducta de su padre y actúa en consecuencia.
Némirovsky, judía europea, encuentra un final feliz para estos dos mundos antagonistas: el mundo del éxito económico conseguido por medios amorales y el mundo del éxito afectivo dentro de una relación afectiva por amor, sublimada. La solución a la novela será Daniel, el propio joven que recibe las herencias de su padre y de la amante de su padre, Elinor y que encontrará en la hija del rico Sr. Wardes un amor inocente y limpio.

Imagen de Rubito

La historia va tomando una compleja dinámica de entrecruzamientos de personajes prototípicos para representar los éxitos y depravaciones de un ambiente social y profundizar en la psicología de esas personas, sus ambiciones, tribulaciones, generosidades y sus conductas depredadoras. La novela tiene algo de folletín, pero no pierde la calidad, el poso, la factura de la obra de una autora que triunfó con su escritura. Obra que de alguna manera parece proyectar ese desarraigo del exilio que ella misma no logró superar, a pesar del éxito social. Un epílogo de quince páginas, escrito por dos biógrafos de la escritora, aclara con amplitud las perspectivas de los intelectuales sobre la situación de los exiliados rusos y judíos de aquella época en Francia.

( de Ángel García Prieto)

Imagen de fcrosas

Dura, como todas las novelas de la autora, pero profundamente humana. La novela funciona bien y sus personajes, a pesar de sus excesos, resultan verosímiles. Hay una combinación de hado y libertad interesante. Aunque el conjunto del relato connota pesimismo, hay algo grande, como en todos los clásicos, que nos hace mejores, más indulgentes, más honrados.

Imagen de Ran

En esta obra, Némirovsky presenta un retablo de personajes perfectamente caracterizados, que representan la lucha de unos emigrantes levantinos por salir adelante e integrarse en la vida social francesa, y acceder a la cultura occidental.
El protagonista, el doctor Asfar peleará con todo tipo de recursos, morales e inmorales, por salir de la miseria y obtener el reconocimiento deseado por parte de la alta sociedad, que se le niega.
En esa lucha titánica, su mujer le apoya incondicionalmente, pasando por alto incluso las infidelidades del marido: lo ve vulnerable y débil, abromado por el peso de su pasado miserable que no logra superar.
Por contraste, su hijo juzga agriamente al padre que, con un amor de padre mal planteado, lleva al rechazo del hijo, precio que está dispuesto a pagar el doctor Asfar para librarse de sus cadenas.
Novela dura en la que ningún personaje escapa al zarpazo de la fama, el interés, la riqueza adquirida a cualquier precio, el placer y el reconocimiento social, que pretenden alcanzar a lo que cueste.
El argumento es desarrollado con maestría, y la prosa es impecable. La autora plantea un tema candente en su época y, que de alguna manera, ella misma se vio salpicada tal como se expone en el epílogo al final del libro.