El poder de la ciencia

Entre los diversos y múltiples «poderes» que nos abruman hay uno que tiene, al menos, la ventaja de estar basado en la racionalidad: el poder de la ciencia. En este libro se explica cómo la ciencia de Galileo, Newton, Faraday o Einstein se ha convertido en un poder que conforma gran parte de nuestras vidas. Se trata, en definitiva, de ayudar a entender cómo surgió la sociedad en la que vivimos, una sociedad en la que la ciencia desempeña un papel fundamental.

Ediciones

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2007
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Con este voluminoso libro, nos adentramos en la disciplina, minoritaria pero apasionante, de la Historia de la Ciencia. Aunque el autor nos advierte que no se trata de una Historia de la Ciencia, y con razón, nos sería difícil catalogar de otra forma el presente libro. Pero es verdad, no es simplemente una Historia de la Ciencia al uso, sino que José Manuel Sánchez confiesa: “he pretendido explicar los principales mecanismos que subyacen en el desarrollo de la ciencia”. Entre esos mecanismos –en sentido genérico y según nos desvela el subtítulo- tenemos los factores sociales, políticos y económicos, a lo largo del siglo XIX y XX. En cierto sentido todo queda reducido a las infructuosa relación entre el poder y la ciencia.


Una primera impresión, tras una suelta lectura de más de mil páginas, es que el desarrollo de la ciencia en Occidente, durante estos dos siglos, ha sido impulsada y configurada por el poder político. En cierta manera es así, aunque el autor nos hace ver que también ha pesado la dejadez del poder político en los atrasos científicos. Estos matices son fruto de una obra pensada y meditada. De hecho podríamos considerarla una extensión del curso “Historia socioeconómica de la Ciencia” que el autor había impartido por dos veces en el Instituto universitario José Ortega y Gasset. Estamos por tanto ante un tema lo suficientemente bien pensado y expuesto por nuestro autor.


Como paradigma marco de la tesis de la obra vale el primer capítulo donde se relata el papel impulsor de las ciencias que tuvo Napoleón. Que durante la primera mitad del siglo XIX Francia tuviera un papel preponderante en el mundo de las ciencias se debió al empeño del mismísimo Napoleón. Al cabo de medio siglo, la decadencia política acompañó a la decadencia académica.


Es especialmente interesante los capítulos dedicados a la Primera Guerra mundial y a la Alemania hitleriana. Durante el gran conflicto bélico países como Inglaterra intuyeron la importancia de la ciencia en la contienda. En cierta medida la Administración pública aprendió a organizar, dirigir y financiar la investigación científica con fines concretos. En la obra se describen varios de los avances científicos de aquella época como la detección de submarinos o la ciencia química (donde Alemania era la primera potencia mundial). El autor ensaya –entre otras tesis- una explicación de por qué los alemanes no fueron capaces de construir la bomba atómica y en cambio los norteamericanos sí. O también, como tesis abierta, si funciona mejor la ciencia con una democracia o sin ella.


Otros temas tratados son la difícil búsqueda y descripción del Genoma humano, los problemas científicos que comportan posibles cambios climáticos, o un epílogo centrado en el problema del DDT y la ambivalencia de la ciencia respecto a ciertos temas. Como decíamos al principio aunque el público al que se dirige esta obra es de por sí minoritario, el planteamiento es claramente divulgativo y enriquecedor.