En tierra de Dioniso

Fiel al dicho de Kazantzakis según el cual «el buen viajero crea el país por el que viaja», María Belmonte concibe y recrea Macedonia, en el norte de Grecia, que de su mano se nos va revelando como una tierra melancólica y misteriosa, tan exuberante, sin embargo, como la Grecia solar, y llena de rincones capaces de deparar momentos de auténtica exultación. Un paisaje de frontera que para la autora no son sólo líneas divisorias, sino también fascinantes zonas donde confluyen realidades diversas, ya sean materiales o espirituales. El resultado es un relato extraordinario, a caballo entre la historia, los viajes, la antropología y la literatura, urdido a fuerza de convocar imágenes, recuerdos, lecturas, leyendas y personajes, para hacer justicia a la riqueza de una región que ha sido y sigue siendo, ni más ni menos, el punto de encuentro de dos mundos, Oriente y Occidente.

Interesante viaje cultural por el norte de Grecia.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2021
213
978-84-18370-21-2

Edición cuidada y elegante.

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Imagen de cattus

Interesante libro en el que historia, literatura, arqueología se comparten en un apasionante recorrido por Macedonia, la tierra de Alejandro Magno, al norte de Grecia, con referencias a sus orígenes, al helenismo, y también al Imperio bizantino y al dominio otomano que vinieron después. La autora recorre los lugares que considera más destacables mientras describe paisajes, restos arqueológicos, sucesos históricos, costumbres, con precisión y abundancia de datos y de referencias culturales. Se divide en cuatro partes: Macedonia, una tierra homérica, donde cuenta los orígenes y la plenitud alcanzada con Alejanro Magno y su leyenda; La belleza de las ruinas, en que ofrece seis calas en sitios que considera emblemáticos, algunos poco conocidos; El lugar que nunca podré visitar en que se refiere al monte Athos desde sus orígenes hasta la actualidad. Aquí se detiene especialmente en consideraciones sobre los monasterios ortodoxos, vedados a las mujeres. La autora ofrece un paralelismo entre la mística cristiana y la indú o la budista, pero parece olvidar algo que las distingue radicalmente, porque el cristianimo adora al Dios Uno y Trino, a través de la encarnación de Jesucristo, es decir, de una persona, por tanto sus orígenes y desarrollo no proceden de unas ideas o experiencias de sus iniciadores más bien sincréticas y panteístas. El libro concluye con Tesalónica y las ciudades invisibles. Prosa muy cuidada, que acerca al lector a una tierra que tiene un especial atractivo y complejidad, pero que conocemos menos que la Grecia clásica (más mitificada), que se tiende a identificar erróneamente con Apolo en contraposición con Dioniso, como explica la autora en el prólogo y a lo largo del libro. Luis Ramoneda