Historias de Pekín

David Kidd vivió durante cuatro años (desde 1946 a 1950) en la ciudad de Pekín; en 1949, cuando los comunistas acababan de llegar al poder, se casó con la hija de una aristocrática y acaudalada familia china, y pasaría el tiempo que le restaba en la ciudad instalado en la mansión familiar de su esposa. Allí se convertiría en testigo de la desaparición de la China milenaria: la revolución iba a suprimir rápidamente las antiguas tradiciones y las viejas formas de vida.
Este libro contiene sus memorias de aquellos años: el retrato íntimo de un mundo elegante y refinado, de viejas costumbres milenarias, un retrato memorable y conmovedor porque el mundo que en él se describe iba a ser implacablemente destruido.
"Siempre tuve la esperanza –nos dice Kidd– de que algún académico joven y brillante se interesaría por nosotros y por nuestros amigos chinos antes de que fuera demasiado tarde, de que estuviéramos todos muertos y las maravillas que habíamos contemplado quedaran sepultadas en el olvido. Pero este joven no ha aparecido y, por lo que sé, soy el único cronista con material de primera mano sobre esos años extraordinarios que vieron el final de la vieja China y los comienzos de la nueva."
En este libro, Kidd consigue que todos esos sucesos extraordinarios vuelvan a la vida.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
215
978-84-934315-5-6

Prólogo de Manel Ollé

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Comentarios

Imagen de juliana

El libro nos traslada, a través del autor, a la China ancestral, llena de tradiciones y símbolos.
El libro está muy bien escrito. Muestra un gran respeto por todas sus vivencias - a pesar de ser tan distintas para cualquiera y quizá más para un americano-.
Compensa su lectura para conocer la China anterior al comunismo. Ya que todas estas tradiciones y formas de vida han desaparecido.

Imagen de Porto

El libro es delicioso. Son historias sencillas de la China tradicional que suprimió el comunismo de la noche a la mañana:el valor de la familia, las tradiciones, la elegancia, la educación, ect son unas cuantas de las muchas virtudes que se ven reflejadas en sus capítulos. Ayuda a entender lo que supuso el comunismo en este país milenario. Es una pena que la vida del autor no acompañe a estas delicias, pero no hay que tenerlo en cuenta ya que el libro es impecable, únicamente la separación de los dos protagonistas que se relata como un hecho más sin importancia y sin trascendencia.

Imagen de Ran

El libro recoge una serie de historias sorprendentes sobre la vida en Pekín durante los dos primeros años de la toma de Pekín por los comunistas. El autor narra en primera persona, y da a conocer las relaciones, un tanto pintorescas, del cambio de vida que supone, en lo cotidiano, la nueva situación política de Pekín.

Historias escritas con soltura, y cierto desenfado, no dejan de asombrar e interesar, pues algunos relatos parecen ideados por una mente imaginativa que exagera por exótico y pintoresco.

La obra cobra especial interés al mostrar cómo se hace sentir el cambio social en una familia de viejo abolengo y alta posición social, y cómo los personajes se enfrentan a una nueva concepción de la vida.

La última historia que presenta el utor, narra su último viaje a Pekín al cabo de años de ausencia. Tiene un especial valor testimonial pues constata, en primera persona y a través de conversaciones con testigos directos, las aberraciones cometidas por el régimen comunista, en la línea de las denuncias recogidas , por ejemplo en las obras “Cisnes Salvajes” y “Mao, la historia desconocida” de Jung Chang.