La juguetería errante

La juguetería errante es un clásico de la novela de detectives inglesa, considerado unánimemente una de las cumbres indiscutibles del género.

Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería. Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y, en su lugar, lo que encontrarán será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de lo más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema, y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2011
320
84-15130-20-8

La traducción es de José C. Vales (Zamora, 1965) es licenciado en Filología Hispánica (Universidad de Salamanca) y está especializado en filosofía y estética del Romanticismo (UNED). Durante más de diez años ha desarrollado labores de redacción, edición y documentación para diversas editoriales. Ha traducido la novísima edición de Frankenstein, de Mary Shelley (Espasa Calpe, 2009), La piedra lunar y Armadale, de Wilkie Collins (Belacqva, 2008); ha colaborado también en el compendio El rival de Prometeo (Impedimenta, 2009). Para Impedimenta ha traducido La hija de Robert Poste y Flora Poste y los artistas, de Stella Gibbons, así como La hija del optimista, de Eudora Welty y Reina Lucía, de E.F. Benson.

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Imagen de Azafrán

Después de leer esta novela, el lector tendrá claro que la novela policíaca puede ser, además de intrigante, culta. Numerosas citas, no sólo de novelistas o de ensayista, también de poetas constituyen la trama sobre la que se tejen los diálogos entre Gervase Fern, profesor de literatura inglesa en Oxford y el poeta Richard Cadogan. Más, esas citas incardinan el típico humor inglés que se limita a provocar la sonrisa del lector mediante comparaciones sólo accesibles a aquellos que están “al cabo de la calle” de la literatura inglesa y clásica además de poseer conocimientos de del arte de la pintura o de la escultura.
Para el lector hispano, el hecho de adjuntar notas explicativas de dichas citas en la presente edición, contribuye a que no le pasen inadvertidas. Por citar un ejemplo, en la página 242 encontramos
“Y Barnaby se quedó con su ejército en la orilla para decirles adión con la mano mientras se alejaban.
-Un poco demasiado Watteau, me parece a mí, mi qujerido Charles –apuntó-. Embarquement pour Cythère. ¿O crees que se parece más al alma del rey Arturo navegando hacia Avalon?
Charles opinaba que era más como el Holandés Errante…”
A pié de página encontramos la cita 52: Jean Antoine Watteau (1684-1721) pintó la escena clásica, Embarcando hacia la isla de Citerea, al estilo lánguido del barroco francés. La leyenda del alma del rey Arturo navegando hacia Avalon, como la del Holandés errante son bastante más siniestras.
Durante las investigaciones que llevan a cabo, los protagonistas del relato se entretienen discutiendo sobre personajes de novelas o de obras de teatro aburridas, sobre autores y sus obras, a modo de juego.
El personaje del poeta Richard Cadogan defiende la concepción que el autor sostiene sobre lo que es poesía en la página 265-266:
“-Creo que lo único que los poetas tienen en común es una especie de sincera generosidad imaginativa hacia sus semejantes… e, incluso, así uno no puede estar demasiado seguro con gente como Baudelaire o Pope, o con desagradables neuróticos como Swinburne…
(La poesía) existe independientemente de tu pensamiento, de tus costumbres, de tus sentimientos, y de todo lo que configura tu persona. La emoción poética es impersonal: los griegos la llamaron inspiración”.
La historia en sí constituye la investigación detectivesca de los dos protagonistas anteriormente citados, Fern y Calogan. Ambos tratan de descubrir un asesinato “imposible”, de los del tipo de “la habitación cerrada”. Una anciana millonaria y sin herederos, deja de forma caprichosa una enorme fortuna a varias personas con las que sostuvo una relación accidental; siempre y cuando su única sobrina, eterna viajera, no reclame la fortuna dentro de los seis meses posteriores a su fallecimiento. La anciana sobrina llega a Oxford la víspera de la fecha en la que expiraba el plazo y cuando ya los otros herederos estaban informados de la condición necesaria para cobrar su fortuna. La sobrina, anciana también, muere asesinada y su cadáver es descubierto accidentalmente por el poeta Cadogan la noche que llega a Oxford para recordar su vida de estudiante y pasar unas vacaciones.
Fern, profesor excéntrico, irónico y agnóstico (“Así que recuperando una costumbre pasada de moda, comenzó a invocar a los dioses. Y los dioses le respondieron.” Pág. 303) resuelve el misterio después de una intensa y peligrosa investigación al margen de la policía.
Entretenida.