La soledad de los números primos

Paolo Giordano se ha convertido, hoy por hoy, en el fenómeno editorial más relevante de los últimos años en Italia. Con tan sólo veintiséis años, La soledad de los números primos, ópera prima de este recién licenciado en Física Teórica, ha sido galardonada con el premio Strega 2008 y ha conseguido un éxito de ventas sin precedentes para una primera novela.  Asimismo, ha despertado un gran interés internacional y será traducido a veintitrés idiomas.
Como introducción a esta excepcional novela, dejemos al texto hablar por sí mismo: «En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad.»
Esta bella metáfora es la clave de la dolorosa y conmovedora historia de Alice y Mattia. Una mañana fría, de niebla espesa, Alice sufre un grave accidente de esquí.  Si la firmeza y madurez con que este joven autor desarrolla el tono narrativo impresiona y sorprende, no menos admirable es su valor para asomarse sin complejos, nada más y nada menos, a la esencia de la soledad.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2011
281
9788498383454
Valoración CDL
1
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“Los matemáticos llaman primos gemelos a las parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43.” Pág.123

El tema que subyace en esta novela de Giordano es el sentimiento de soledad en los niños y en los jóvenes. Una soledad que parece marcar su carácter irremisiblemente y que les limita personalmente y en sus relaciones sociales.

Los personajes centrales son Mattias y Alice. Ambos sobreviven a sus traumas infantiles y reaccionan autolesionándose.

Mattias tenía una hermana gemela, Michela. Él se había llevado el premio en el reparto de cualidades, en cuanto a capacidad intelectual, y su hermana era retrasada. La vergüenza que sentía constantemente ante sus compañeros y amigos por ir siempre acompañado por su hermana le llevó un día a abandonarla en un parque. Michela desapareció, su madre perdió la alegría y las ganas de vivir, su padre nunca volvió a tratarle con la misma familiaridad y él comenzó a autolesionarse cuando algo le ponía nervioso o le resultaba poco familiar.

Alice, hija del abogado Della Rocca. Su padre la empujaba a la práctica del esquí. A ella, el frío le resultaba insoportable. En una ocasión, por la niebla, tuvo un accidente y perdió la articulación de una rodilla; quedó coja. Su relación con su padre, sobre todo, se resintió y comenzó a esconder la comida y a tirarla: anorexia.

Al llegar al instituto, el mismo instituto, el aislamiento se hizo más patente. Alice tuvo que enfrentarse a una situación de acoso por parte de cuatro compañeras: Viola, Giulia, Giada y Federica. Aguantó y consiguió que la admitiesen en el grupo.

Mattias encontró a Dani, un compañero con tendencias homosexuales que nunca consiguió romper su aislamiento personal. Dani tiene también su capítulo en el que el autor describe su sentimiento de culpa y cómo lo “supera” buscando a otros hombres con su misma inclinación.  

Viola invitó a los dos amigos, Mattias y Dani, a su cumpleaños, con la intención de empujar a Alice a tener una relación con Mattias. Durante la fiesta del cumpleaños el autor describe como normal el uso de drogas, alcohol y relaciones sexuales. Alice y Mattias, por su aislamiento personal, terminaron como amigos. Un triunfo para ellos.

La amistad de los dos “números primos” continuó un muy lento camino durante sus estudios en el instituto. Después, Mattias estudió matemáticas y se doctoró con la nota máxima. Ella encontró un trabajo como fotógrafa.

Mattias recibió una proposición laboral en una universidad del norte de Europa y Alice, en ese momento, con su madre moribunda, no pudía acompañarle.

Un médico, Fabio, a quien Alice conoció durante la etapa final de la vida de su madre, le propuso matrimonio. Aceptó y fueron felices durante siete u ocho años. Pero Fabio quería hijos y la anorexia de Alice era un claro impedimento. Así que, cansado de esperar un cambio en la conducta de su esposa, Fabio abandonó el hogar.

Alice, sola, se deprimió más aún y escribió a Mattias, quien en dos días regresó a Italia. Pero la soledad a la que estaban condenados como “número primos gemelos” impidió que se sincerases y aceptasen que se necesitaban.

El argumento está bien articulado y mantiene la atención del lector. El problema es que presenta como normal o como habitual todo tipo de conductas peligrosas y no adecuadas en las relaciones entre los jóvenes. Todos hacemos palotes torcidos cuando comenzamos nuestro aprendizaje de la escritura. Pero que hayamos errado en los primeros o en algunos de los primeros no ha sido impedimento para que llegásemos a dominar la escritura. Lo normal es que sepamos escribir bien. Y, a lo largo de nuestras vidas hemos escrito mucho y bien. No tenemos por qué concentrar toda nuestra atención en los primeros errores como si estos hubiesen podido determinar nuestra destreza actual. Con esos errores aprendimos y ni siquiera los recordamos. Los suponemos.

La novela obtuvo el Premio Strega en 2008.